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Las virtudes de la heterodoxia

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El Banco Central Europea ha optado por la continuidad en su política “no convencional”. Esta semana, la institución que preside Mario Draghi decidió mantener el programa de compras de deuda a su ritmo actual hasta finales de año o, “hasta una fecha ulterior si fuera necesario”. También se mantienen los principales tipos de interés en sus niveles actuales, es decir nulos, o incluso negativos en el caso de la facilidad de depósito. Los bancos que depositen liquidez en el BCE (en vez de invertirlos en la economía) seguirán sufriendo una penalización.

Aún así, los exégetas del discurso de Draghi, el oráculo de la economía europea, anticipan una retirada progresiva de la heterodoxia monetaria a partir del 2018. Prueba de ello es que, desde diciembre pasado, la moneda europea se ha apreciado un 15% frente al dólar. De prolongarse, la apreciación encarecería las exportaciones y frenaría la recuperación de la economía española. Recordemos que desde el 2011 hasta finales del año pasado, la divisa europea perdió cerca del 30% de su valor frente al dólar, lo que facilitó la salida de la crisis.

Gráfico 1

La confianza vuelve a Europa en parte porque los mercados tienen dudas sobre la coherencia de la estrategia económica del Presidente Trump y prefieren invertir en el Viejo Continente, lo que explica el alza del euro. Además, mejora el crecimiento en la eurozona. La estimación de Funcas para este año es que el PIB de la eurozona aumente un 2%.

Pese a sus virtudes, las políticas no convencionales no son una panacea. La heterodoxia permite comprar tiempo, pero no resuelve los problemas de fondo.

Con todo, a la economía española no le favorece una apreciación demasiado rápida del euro, que perjudicaría a las exportaciones, ni una normalización prematura de la política monetaria.

No le conviene a las empresas que acuden con timidez a los bancos para conseguir crédito y financiar su modernización. Desde hace poco, se está incrementando el volumen de financiación a las empresas, cerrando el periodo de contracción del crédito que tanto daño ha hecho a la economía. Sin embargo, estas señales son todavía tímidas para pensar en un endurecimiento de las condiciones monetarias.

Gráfico 2

A los hogares endeudados tampoco les favorece un cambio de estrategia monetaria. Ante el estancamiento de los salarios, un aumento de tipos crearía dificultades para las familias con bajos niveles de ingresos que han optado por un crédito hipotecario a tipo variable. La mayor parte del volumen de créditos hipotecarios son a tipo variable y todavía, cuatro de cada diez préstamos nuevos para la compra de vivienda se siguen haciendo a tipo variable. Una situación que contrasta con la práctica en otros países europeos donde la financiación es principalmente a tipo fijo.

Por otra parte, el déficit público es todavía el más elevado de la eurozona. Para evitar un encarecimiento de las cargas financieras, lo que obligaría a un mayor esfuerzo de consolidación fiscal, es deseable evitar una reducción drástica de la compra de títulos de deuda pública por parte del BCE.

La continuidad monetaria también contribuye a contener los riesgos económicos inherentes a la confusa situación en Cataluña. La política del BCE, junto con los acuerdos entre diferentes administraciones para abaratar la financiación de deuda de las comunidades autónomas, ha logrado reducir las cargas financieras.

En cualquier caso, el BCE no ha conseguido elevar la inflación hasta su objetivo del 2%. No se advierten presiones inflacionistas ni aumentos de los salarios –ni en España ni en los países que gozan de una situación cercana al pleno empleo. Por tanto no se justifica una vuelta de tuerca monetaria.

Pese a sus virtudes, las políticas no convencionales no son una panacea. Pueden alimentar burbujas financieras, además de constreñir los márgenes de los bancos. Los impactos positivos tienden a disminuir, y reducen la presión sobre los gobiernos para realizar reformas y luchar contra el paro y la precariedad. La heterodoxia permite comprar tiempo, pero no resuelve los problemas de fondo.

Fuentes de los gráficos: Banco de España y Funcas.

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