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Torre-Pacheco: la fragilidad de la excepcionalidad española

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España había mantenido durante décadas una convivencia relativamente estable pese a recibir flujos migratorios intensos, una singularidad en el contexto europeo que parecía bien asentada. Los disturbios de Torre-Pacheco en julio de 2025, desencadenados por una agresión rápidamente atribuida a jóvenes de origen magrebí, pusieron en cuestión esa idea, al producirse en un clima político polarizado y en un entorno digital que amplifica y acelera los discursos de odio.

De manera fortuita, en esos días, bajo el paraguas del proyecto europeo EqualStrength, ejecutábamos en el CSIC varios correspondence tests a gran escala, uno de ellos en el mercado laboral. Se trata de una técnica sencilla pero potente que consiste en enviar currículums idénticos en cualificación donde solo varía el origen étnico del candidato (señalizado por su nombre). Medimos no solo si los empleadores responden o no a las solicitudes de trabajo, sino cuánto tardan en hacerlo, revelando, más allá de la respuesta automática, el interés auténtico por el candidato.

La desinformación que inundó las redes después del 9 de julio fue masiva. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Sistema FARO) documentó más de 138.000 mensajes de odio en apenas dos semanas, propagados mediante comunicados falsos que se viralizaron. El gráfico 1 captura la magnitud del fenómeno, de niveles basales normales (hasta el 10 de julio) a un pico de unos 33.000 mensajes diarios el 12 de julio.

Lo interesante es lo que sucedió en los días posteriores. El 11 de julio, cuando la desinformación alcanzaba su máximo, se produce un desplome en las respuestas que recibían los candidatos con un nombre asociado con ser musulmán (gráfico 2a). En concreto, la probabilidad de que esos solicitantes recibieran una respuesta de los empleadores cayó 45 puntos porcentuales. Este descenso es abrupto, estadísticamente significativo y claramente delimitado en el tiempo.


Lo relevante aquí no es solo la magnitud del efecto, sino lo que revela sobre el funcionamiento la discriminación. Si respondiera una preferencia estable del empleador, la tasa de respuesta permanecería constante a lo largo del tiempo. Sin embargo, la caída coincidió con los momentos de mayor intensidad del discurso de odio y desapareció al remitir, lo que apunta a una discriminación sensible al clima normativo, más que a una disposición estable.

A partir del 14 de julio y coincidiendo con una movilización civil significativa y condenas institucionales unánimes, la tendencia se invirtió. Durante las dos semanas siguientes, la probabilidad de respuesta para candidatos de origen musulmán no solo se recuperó sino que durante varios días estuvo por encima de la de los autóctonos. Esto es particularmente visible cuando examinamos la velocidad de respuesta (gráfico 2b). Durante el período de movilización (14-21 de julio) los candidatos musulmanes recibieron, en media, respuestas más rápidas que sus homólogos autóctonos.

Estos datos muestran una recuperación en los indicadores de mercado laboral que coincide temporalmente con la movilización social e institucional. Sin poder atribuirlo con certeza a una «corrección cívica», lo relevante es que los números no evolucionaron como habría predicho un modelo simple de disipación pasiva del odio. A partir del 21-22 de julio, las dinámicas volvieron a niveles basales previos a los disturbios, es decir, a la normalidad.

Los sucesos de Torre-Pacheco cuestionaron la idea de una cierta excepcionalidad española en cuanto a la probabilidad de violencia interétnica y sugiere que es más frágil, y al mismo tiempo, más potencialmente más recuperable en el corto plazo. ¿Qué explica esa recuperación? Las hipótesis más plausibles apuntan a mecanismos de regulación normativa, es decir, que cuando instituciones y actores públicos condenan públicamente el odio, pueden alterar los incentivos que los empleadores perciben, siempre que la respuesta sea rápida y coordinada. Para los responsables políticos, el mensaje es menos tranquilizador de lo que parece. La reacción cívica funcionó esta vez, pero requirió respuesta inmediata y unánime. La excepcionalidad española no es un blindaje, sino, en el mejor de los casos, un equilibrio que funciona mientras lo sostenemos. Si volviera a haber shocks similares en el futuro, los resultados podrían ser distintos si la respuesta es lenta, fragmentada o ambigua.

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