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“Todos deberíamos aprender a ahorrar desde pequeños”

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Según se desprende de una encuesta recientemente efectuada por Funcas en el marco de su Programa de Estímulo de la Educación Financiera, el apoyo de la población española entre 18 y 65 años a la opinión que encabeza este texto es muy amplio. En una escala de 0 (“totalmente en desacuerdo”) a 10 (“totalmente de acuerdo”), la media de la muestra entrevistada alcanza 8,5.[1]

Ahorrar es la opción que, a juicio de los encuestados, más probablemente adoptarían ellos si se encontraran con un ingreso extraordinario o si aumentaran sus retribuciones mensuales. Casi tres de cada cuatro sostienen que si les llegaran 200 euros imprevistos, los ahorrarían. La proporción de los que se declaran dispuestos a ahorrar todavía es mayor cuando el ingreso imprevisto asciende a 1.000 euros: cuatro de cada cinco indican que lo ahorrarían. Si, en lugar de la percepción extraordinaria de una cantidad más o menos modesta de dinero, se plantea la posibilidad de un incremento de los ingresos mensuales en un 10%, un tercio de los entrevistados manifiesta su preferencia por ahorrar sin un fin concreto, y otro tercio, con algún objetivo a medio o largo plazo (Tabla 1). Sumando a los que lo invertirían en un plan de pensiones o un producto similar (5%), el conjunto de los que se inclinan por ahorrar estos ingresos mensuales adicionales triplica holgadamente al de quienes responden que adaptarían su estilo de vida a la nueva situación económica (el comportamiento que a priori parece más verosímil).

Tabla 1. Disposición al ahorro (18-65 años)

%
Ahorrarían 200 euros imprevistos 74
– Sin un fin concreto 49
– Para algún objetivo a medio o largo plazo 25
Ahorrarían 1.000 euros imprevistos 81
– Sin un fin concreto 45
– Para algún objetivo a medio o largo plazo 36
Ahorrarían si los ingresos mensuales aumentaran un 10% 69
– Sin un fin concreto 33
– Para algún objetivo a medio o largo plazo 31
– Invertirían en un plan de pensiones o producto similar 5

Preguntas: “Imagine que un mes le llega un dinero imprevisto, por ejemplo, 200 euros. ¿Qué haría con él? Elija solo la respuesta que refleje su comportamiento más probable”. “Y si el dinero que le llega de manera imprevista fueran 1.000 euros, ¿qué haría con la mayor parte de él? Elija solo la respuesta que refleje su comportamiento más frecuente”. Las opciones de respuesta para ambas preguntas son: “ahorrarlo sin un fin concreto / ahorrarlo para algún objetivo a medio o largo plazo / saldar alguna deuda / gastarlo para cubrir una necesidad / gastarlo para permitirme un capricho”.
Fuente: Encuesta-01 del “Programa FUNCAS de Estímulo a la Educación Financiera” (febrero-marzo 2018). Véase nota 1.

En contra de lo que cabría esperar, los jóvenes destacan por una ligeramente mayor disposición declarada a ahorrar. Esta evidencia se repite en todas las preguntas sobre el ahorro incluidas en el cuestionario de la encuesta, lo cual le confiere solidez. La popular imagen de los jóvenes consumistas y derrochadores no encuentra, pues, respaldo en los datos. Precisamente los que todavía no han cumplido 25 años aparecen como los más interesados en el ahorro “para algún objetivo a medio o largo plazo” (Gráficos 1 y 2). Ahorrar con esa misma perspectiva también resulta ser una preferencia muy extendida entre los entrevistados menores de 25 años cuando se les pide que imaginen un incremento del 10% de sus ingresos mensuales (Gráfico 3).

Gráfico 1

Pregunta: “Imagine que un mes le llega un dinero imprevisto, por ejemplo, 200 euros. ¿Qué haría con él? Elija solo la respuesta que refleje su comportamiento más probable”. “Y si el dinero que le llega de manera imprevista fueran 1.000 euros, ¿qué haría con la mayor parte de él? Elija solo la respuesta que refleje su comportamiento más frecuente”. Las opciones de respuesta son: “ahorrarlo sin un fin concreto / ahorrarlo para algún objetivo a medio o largo plazo / saldar alguna deuda / gastarlo para cubrir una necesidad / gastarlo para permitirme un capricho”.
Fuente: Encuesta-01 del “Programa FUNCAS de Estímulo a la Educación Financiera” (febrero-marzo 2018). Véase nota 1.

Gráfico 2

Pregunta: “Y si el dinero que le llega de manera imprevista fueran 1.000 euros, ¿qué haría con la mayor parte de él? Elija solo la respuesta que refleje su comportamiento más frecuente”. Las opciones de respuesta son: “ahorrarlo sin un fin concreto / ahorrarlo para algún objetivo a medio o largo plazo / saldar alguna deuda / gastarlo para cubrir una necesidad / gastarlo para permitirme un capricho”.
Fuente: Encuesta-01 del “Programa FUNCAS de Estímulo a la Educación Financiera” (febrero-marzo 2018). Véase nota 1.

Gráfico 3

Pregunta: “Imagine que los ingresos mensuales de que dispone habitualmente aumentaran un 10%, ¿qué cree usted que haría con ese 10% adicional?” Las opciones de respuesta son: “ahorrarlo sin un fin concreto / ahorrarlo para algún objetivo a medio o largo plazo / invertirlo en un plan de pensiones o producto similar / utilizarlo para comprar productos o contratar servicios para el hogar / utilizarlo para algo relacionado con su tiempo de ocio / adaptar su estilo de vida a su nueva situación económica”.
Fuente: Encuesta-01 del “Programa FUNCAS de Estímulo a la Educación Financiera” (febrero-marzo 2018). Véase nota 1.

Es verdad que los jóvenes pueden decantar sus respuestas más hacia el ahorro porque habitualmente saben que sus necesidades básicas quedan satisfechas por sus familias; de ahí que, ante la eventualidad de un ingreso imprevisto, elijan en menor medida que otros entrevistados de más edad la respuesta: “cubrir una necesidad”. Pero utilizar ese ingreso para “permitirse un capricho” también es una opción comparativamente poco extendida entre los menores de 30 años: en torno al 10% de ellos la eligen como respuesta, cuatro puntos por encima de los que alegan que dedicarían ese ingreso inesperado a “cubrir una necesidad”.

El reto del ahorro no reside tanto en impulsar un cambio de valores ni en concienciar a la población sobre la conveniencia de ahorrar, cuanto en aumentar su capacidad para hacerlo y su interés en ello

Llama asimismo la atención que el apoyo a la afirmación “todos deberíamos aprender a ahorrar desde pequeños” aumente a medida que desciende la edad de los entrevistados, justo al contrario de lo que se observa respecto al enunciado “solo se puede ahorrar cuando se dispone de unos ingresos altos”. Así pues, los jóvenes no solo parecen más convencidos de la conveniencia de aprender a ahorrar desde la infancia, sino que también dudan en mayor medida de la necesidad de contar con rentas elevadas para ahorrar (Gráfico 4).

Gráfico 4

Pregunta: “Utilizando una escala de 0 a 10, donde 0 es ‘totalmente en desacuerdo’ y 10 ‘totalmente de acuerdo’, ¿cuál es su grado de acuerdo con las siguientes frases?”
Fuente: Encuesta-01 del “Programa FUNCAS de Estímulo a la Educación Financiera” (febrero-marzo 2018). Véase nota 1.

Por tanto, la encuesta de Funcas refleja una elevada valoración del ahorro bastante generalizada entre la población española. Claro es que las preguntas tantean una “propensión normativa”, no una “actuación efectiva”; es decir, miden actitudes, no comportamientos. Ahora bien, la actitud favorable hacia un comportamiento es crucial cuando de estimularlo se trata.

Los datos de esta encuesta sustentan, al fin y al cabo, el argumento de que los españoles quieren ahorrar (y no solo en vivienda, como han hecho hasta ahora, llegando a acumular un inmenso patrimonio inmobiliario). Quienes desde diferentes sectores políticos y económicos insisten en los bajos niveles de ahorro de la sociedad española y en la necesidad de incrementarlos, deberían considerar que “el reto del ahorro” no reside tanto en impulsar un cambio de valores ni en concienciar a la población sobre la conveniencia de ahorrar, cuanto en aumentar su capacidad para hacerlo y su interés en ello. La capacidad de ahorro de los ciudadanos depende, primera y principalmente, de que las cuantías de sus retribuciones y de sus obligaciones fiscales les permitan cubrir las necesidades vitales con cierta holgura y dedicar una parte de su renta disponible al ahorro. Pero también depende de que mejoren su educación financiera y sepan así elegir, entre las diferentes opciones de ahorro, las que más se ajusten a sus perfiles y condiciones particulares; en definitiva, las que más les interesen.

La propensión normativa al ahorro de los españoles, puesta de manifiesto en esta encuesta, constituye un marco cultural propicio para el desarrollo de propuestas financieras innovadoras que, idealmente, combinen incentivos claros y sólidos con “empujoncitos” (nudges) eficaces, como los que sugieren los expertos en economía conductual. La población joven podría ser especialmente receptiva a estas propuestas y emprender así trayectorias de ahorro personal con vocación de continuidad y acordes con sus preferencias reveladas.

[1] La encuesta comprende 1.518 entrevistas on-line cumplimentadas entre el 23 de febrero y el 12 de marzo de 2018 por población (internauta) de 18 a 65 años, residente en el territorio nacional peninsular e insular. La muestra entrevistada resulta de una selección aleatoria del panel on-line del instituto de investigación social IMOP. Este panel está integrado por alrededor de 10.600 panelistas, captados a través de una encuesta telefónica aleatoria a una muestra proporcional de la población española de esas edades. El margen de error muestral de esta encuesta es ±2,6, para p=q=50% y un nivel de significación del 95%.
Sobre la representatividad de la población internauta respecto a la población total: de acuerdo con la última Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación del Instituto Nacional de Estadística (2017), los usuarios frecuentes de Internet (al menos una vez a la semana) suponen ya 80% de toda la población española entre 16 y 74 años; en los grupos de edad más jóvenes, el porcentaje roza el 100%.

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