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Plataformas digitales y compatibilidad: una vieja historia en un mundo nuevo

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Las plataformas digitales están en todas partes. En nuestro día a día puede que utilicemos docenas de ellas sin darnos cuenta, y cada vez tienen mayor relevancia. Estas plataformas digitales también están introduciendo nuevos comportamientos y desafiando nuestros conceptos sobre la forma de competir de las empresas. En el presente trabajo, definimos en qué consisten las plataformas económicas y analizamos qué papel tiene la compatibilidad en la nueva era digital.

En cuanto a la definición de plataforma multilateral, constatamos que existe un gran número de ellas. Muchas utilizan los términos «plataforma» y «mercado» de forma intercambiable. Casi todas hacen hincapié en el papel de un habilitador tecnológico (la plataforma) que intermedia entre las transacciones de dos o más lados. Pero, aparte de la noción común a todas las definiciones de dos o más grupos de agentes que se necesitan de algún modo y que utilizan plataformas para intermediar en sus transacciones, no hay una definición universalmente aceptada de mercado o plataforma multilateral.

La característica más reconocible de las plataformas multilaterales es la estructura de precios. Tienden a establecer una estructura de precios asimétrica en la que uno de los lados es rentable y el otro lado es deficitario. Los precios en las plataformas multilaterales tienden a estar desconectados de los costes. Incluso los precios socialmente óptimos pueden no guardar relación con los costes. Esta es una consecuencia de los efectos de red indirectos. Para el óptimo se requiere que uno de los lados subvencione a los otros. Sin embargo, una característica interesante es que ni precios superiores a los costes indican siempre poder de mercado ni precios inferiores a los costes marginales son siempre signo de depredación. 

Con todo, el rasgo más interesante de las plataformas multilaterales digitales son las relaciones que se establecen entre ellas. Dependiendo del papel que desempeñan en el mercado, podemos identificar tres tipos diferentes de plataformas. Las infraestructurales (que prestan funcionalidades básicas), las intermedias (con una función habilitadora de otras plataformas) y las finales (que solo ofrecen un servicio a usuarios finales). Lo interesante de esta clasificación es que cada categoría de plataforma está construida sobre la anterior.

«A priori no está claro cuál será el impacto para el bienestar de la compatibilidad entre competidores. Incluso sin considerar los beneficios económicos que se deriven para la plataforma, no es seguro que todos los lados vayan a salir beneficiados».

Los datos constituyen el recurso más importante de la era digital, y pueden cumplir tres funciones: el no uso, porque los datos no se «explotan»; una función de input en la cadena de valor para incrementar el valor de los productos o servicios de las empresas; o la de materia prima, que puede venderse o compartirse con terceros. La función exacta de los datos en cada caso dependerá del mercado y del uso que se haga de ellos.

Aquí abordamos el papel de la «compatibilidad» en el sentido de plataformas que ponen sus datos a disposición de otras empresas para su uso. Por tanto, es importante especificar cuál de las tres funciones citadas cumplen los datos en nuestro caso de estudio. Pero con independencia del enfoque que consideremos, la compatibilidad tiende a ser más frecuente entre las plataformas finales y a generar incentivos para subir los precios. 

Argumentamos que cuando los datos no son «explotados», o cuando se usan como simple input por las empresas aguas abajo, muchos de los conceptos de la literatura sobre compatibilidad entre dispositivos siguen aplicándose a las plataformas digitales. Las mismas referencias conceptuales que eran válidas en las décadas de los ochenta y noventa sobre la compatibilidad entre diferentes dispositivos siguen vigentes en el caso de las plataformas digitales. 

Ahora bien, es importante fijarse en la relación entre las empresas. La compatibilidad entre empresas verticales (proveedor-cliente, o plataformas intermedias y finales) subraya el papel de los datos como mero input creado por algunas empresas y explotado por otras en un mercado diferente. En este caso, la integración vertical entre las dos empresas puede dar lugar a unos precios más bajos, pero eso dependerá de la importancia que tenga la doble marginalización. Aun así, el incentivo a integrar tiende a desaparecer cuando la sustituibilidad entre los productos de las compañías es alta.

Sin embargo, la compatibilidad entre competidores o APIs (Application Programming Interfaces) abiertas, que permiten a los competidores acceder a las bases de datos de otra empresa, produce precios más altos en al menos uno de los lados del mercado. Reduce el incentivo a bajar los precios para atraer más consumidores, pues la red se comparte con la competencia. Si no hay compatibilidad, las plataformas tienden a subsidiar a un lado para atraer a otros clientes en los demás lados. Pero esta «compartición de datos» permite a las plataformas «parasitar» la base de usuarios de otros competidores y, por tanto, evitar dicha subsidiación.

A priori no está claro cuál será el impacto para el bienestar de la compatibilidad entre competidores. Incluso sin considerar los beneficios económicos que se deriven para la plataforma, no es seguro que todos los lados vayan a salir beneficiados. Dependerá de cada mercado. Pero no hay ningún motivo para asumir que la compatibilidad generará un resultado del tipo «el ganador se queda con todo». Ahora bien, es cierto que las empresas que participen en esos acuerdos de compatibilidad aumentarán su poder de mercado.

Más información en el artículo ‘Plataformas digitales y compatibilidad: una vieja historia en un mundo nuevo’, publicado en Papeles de Economía Española, número 157

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