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La complejidad de las exportaciones y la calidad del empleo

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Existe un amplio consenso en la literatura académica del efecto positivo del comercio internacional sobre el crecimiento económico a largo plazo (Grossman y Helpman, 1990). Una cuestión, sin embargo, que genera más debate es el efecto que ello tiene sobre el mercado laboral y, en particular, sobre las condiciones laborales de los trabajadores. En este artículo utilizamos las diferencias en la especialización productiva y la apertura comercial de las distintas comunidades autónomas (CC.AA.) españolas para analizar la relación existente entre la complejidad de los productos exportados y la calidad del empleo, aproximada por el tipo de contrato (temporal o indefinido).

La creciente internacionalización de las empresas españolas (cuyas exportaciones representan el 34,1% del PIB), la elevada tasa de temporalidad en España (del 26,8%), y el papel que dicha temporalidad juega en la productividad son los elementos que nos invitan a estudiar la relación entre complejidad exportadora y calidad laboral en el marco de la economía española.

Antes de entrar en el análisis del mercado de trabajo, elaboramos una medida del grado de sofisticación de los productos exportados, el índice de complejidad de las exportaciones (ICE) para cada una de las CC.AA. españolas. Para construir dicho índice, nos basamos en la teoría de la complejidad económica desarrollada por Ricardo Hausmann y César Hidalgo del Observatorio de la complejidad económica del MIT. Según esta teoría, las capacidades productivas con las que cuenta un país (o región) se reflejan en los productos que dicho territorio es capaz de producir y exportar de forma competitiva. Es decir, la base del crecimiento económico reside en la capacidad para producir mayor variedad de bienes y, a la vez, productos cada vez más complejos que pocas economías puedan producir.

«Los trabajadores en los sectores de actividad que producen bienes más complejos tienen una menor probabilidad de tener un contrato temporal».

El índice de la complejidad exportadora refleja importantes diferencias en cuanto a la especialización productiva de las distintas comunidades autónomas. Así, por un lado, hay regiones en las que el sector del automóvil tiene un peso importante (como Castilla-León y Navarra) y, dado que los productos que genera este sector tienen una complejidad superior al promedio, impulsan el ICE de dichas comunidades. Por otro lado, las comunidades con mayor presencia de productos agrícolas (frutas y hortalizas) como Murcia, Andalucía o Extremadura, o del sector petroquímico, como Canarias, tienen un ICE inferior al promedio español.

Una vez equipados con el índice de la complejidad exportadora (ICE), analizamos su relación con la calidad del empleo usando un modelo de regresión a nivel de trabajador. Partiendo de los datos de la Encuesta de la Población Activa (EPA), a cada trabajador le asignamos el ICE correspondiente a su comunidad autónoma de residencia y al sector de actividad donde desarrolla su trabajo. Por otro lado, la calidad del empleo se aproxima a partir de diversas variables como el tipo de contrato (temporal o indefinido), los empleados a tiempo parcial que preferirían trabajar a tiempo completo o los ocupados que desearían trabajar más horas.

De este análisis se desprenden varios resultados. El principal es que los trabajadores en los sectores de actividad que producen bienes más complejos tienen una menor probabilidad de tener un contrato temporal. Este resultado se mantiene cuando usamos otras variables alternativas para aproximar la calidad del empleo. Ello es indicativo de que existe una relación positiva entre el tipo de bienes producidos y la calidad del empleo (a más complejidad más calidad del empleo).

Centrados en el ámbito educativo, hallamos un segundo resultado interesante, y es que la relación negativa entre el ICE y la temporalidad es especialmente relevante para los trabajadores de menor nivel educativo, lo que sugiere que estos trabajadores son los que salen más beneficiados de una especialización productiva hacia bienes más complejos.

Más información en el artículo “La complejidad de las exportaciones y la calidad del empleo”, publicado en el número 158 de Papeles de Economía Española.

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