Evolución reciente del ahorro, la inversión y el déficit de los sectores institucionales
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Evolución reciente del ahorro, la inversión y el déficit de los sectores institucionales

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El pasado 8 de enero el INE publicó las cuentas trimestrales no financieras de los sectores institucionales (CTNFSI) del tercer trimestre de 2013 y la revisión de los dos primeros, que incluye la corrección del error cometido hace tres meses (y no subsanado hasta ahora) al haberse utilizado la nueva metodología de periodificación de las devoluciones de impuestos hasta el cuarto trimestre de 2012 y la vieja para los dos primeros de 2013. El error llevaba a minusvalorar los impuestos netos percibidos por las AA.PP. en los primeros trimestres del año, lo que producía más déficit público y, al contrario, más renta disponible, más ahorro y menos déficit (o más superávit) para el sector privado. Como consecuencia de esta revisión, la nueva orientación al alza que mostraba la tasa de ahorro de los hogares durante la primera mitad de 2013 se queda ahora en una práctica estabilización tras tres años de continuas caídas.

En los gráficos adjuntos se presenta la evolución trimestral de los tres saldos más importantes de estas cuentas: el ahorro, que es la diferencia entre la renta disponible y el gasto en consumo final; la inversión en capital fijo; y la diferencia entre ambos flujos, que equivale al déficit/superávit por cuenta corriente. En los gráficos, al ahorro se le han sumado las transferencias de capital netas percibidas o pagadas por cada sector, con lo que el saldo obtenido es la capacidad o necesidad de financiación (déficit por cuenta corriente y de capital). Para evitar la acusada estacionalidad de las cifras, se hacen medias móviles de cuatro trimestres. Los datos se expresan como porcentajes del PIB.

Comenzando por la economía nacional, y como se ve en el gráfico 1, la suma del ahorro nacional y las transferencias de capital netas del exterior registró un cambio de tendencia al alza a mediados de 2012 tras haber caído continuamente durante los cuatro años anteriores, de forma que en el tercer trimestre de 2013 su nivel se situaba ya cerca del de comienzos de la crisis. Al tiempo, la inversión no ha dejado de caer (12,4 puntos porcentuales del PIB desde el primer trimestre de 2008). Como consecuencia, el saldo frente al exterior pasó a ser positivo (superávit) a partir del primer trimestre de 2013, alcanzando en el tercero un 1,4% del PIB. Pero esta evolución es el resultado de tendencias muy diferentes en el sector público y en el privado.

Blog_100114_01Blog_100114_02Fuente: INE (CTNFSI).

El ahorro de los hogares registró una recuperación muy pronunciada durante los dos primeros años de la crisis, alcanzando un máximo de casi el 18% de su renta disponible a finales de 2009. Ello les permitió reequilibrar sus cuentas, de forma que las mismas volvieron a su situación normal de superávit ya a finales de 2008 (gráfico 2). Desde el inicio de 2010, sin embargo, y no porque los hogares vieran el futuro con mayor optimismo, sino por la fuerte pérdida de rentas primarias (sobre todo las salariales a causa de la caída del empleo) y por las subidas de impuestos, la tasa de ahorro familiar empezó a caer, situándose al acabar 2012 en el 10,4% de la renta disponible. En los dos primeros trimestres de 2013 se produjo una leve recuperación hasta el 10,6%, que se ha ido difuminando en el tercero conforme repuntaba el consumo. Es posible que ahora sí que estemos ante una mejora de la confianza de los hogares y que ello lleve a aquellos que conservan suficiente capacidad económica a aumentar su consumo en detrimento del ahorro. En todo caso, el ahorro familiar sigue siendo superior a la inversión (fundamentalmente vivienda), lo que se traduce en un superávit (2,6% del PIB), que los hogares destinan a reducir su deuda o a financiar a otros sectores.

Tan espectacular o más que el vuelco en las cuentas de los hogares, fue el de las empresas no financieras durante los dos primeros años de la crisis. El ahorro de las mismas (que equivale a los beneficios no distribuidos después de impuestos, es decir la autofinanciación) se disparó y la tasa de inversión se vino abajo, de forma que a comienzos de 2010 ya lograron eliminar su abultado déficit superior al 10% del PIB. Tras prácticamente estabilizarse durante casi tres años, a finales de 2012 ambos flujos retomaron sus tendencias (al alza la tasa de ahorro y a la baja la de inversión), de forma que su superávit ha aumentado hasta el 4,2% del PIB (gráfico 3). Esto está permitiendo a las empresas afrontar la restricción crediticia y reducir sus deudas.

Las sociedades financieras (no representadas en los gráficos) también muestran un superávit notable en sus cuentas, del 4,9% del PIB en los cuatro últimos trimestres que acaban en el tercero de 2013. Ahora bien, en este superávit están incluidas aquellas ayudas recibidas del Estado que la contabilidad nacional da por pérdidas y que, por consiguiente, pasan a ser consideradas como transferencias de capital (antes operaciones financieras). Su  montante en estos trimestres asciende a 3,3 puntos porcentuales del PIB.

Esta es la causa de que el déficit público que se muestra en el gráfico 4 no mejore desde 2011 y siga en el 10,3% del PIB. Si excluimos estas ayudas, el déficit se redujo 2,2 puntos porcentuales del PIB en 2012 hasta el 6,8%, como consecuencia a partes casi iguales de una mejora del ahorro (que siguió siendo negativo) y una caída de la inversión. Hasta el tercer trimestre de 2013, la tasa de inversión ha seguido descendiendo, pero el ahorro ha vuelto a disminuir (y en mayor medida) como consecuencia del aumento de los gastos corrientes, de forma que el déficit acumulado en los cuatro últimos trimestres (excluidas las ayudas a instituciones financieras) ha vuelto a aumentar hasta el 7% del PIB, poniendo difícil la consecución del objetivo del 6,5% programado para todo el año.

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Ángel Laborda es director de Coyuntura y Estadística de Funcas

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