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Las apuestas: beneficios y riesgos para el deporte

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Desde sus inicios, el desarrollo del deporte organizado ha estado asociado al fenómeno de las apuestas. El deporte se ha beneficiado en la medida en que un bien complementario estimula la demanda del bien principal. Pero las apuestas también constituyen una amenaza, y el arreglo de partidos ha estado presente en el mundo del deporte desde el siglo XVIII.

Desde el cambio de milenio, el volumen de la actividad de apuestas a nivel mundial, una gran parte de las cuales tiene lugar en mercados ilegales o no regulados, se ha multiplicado al menos por cinco, apoyado por la implantación de la tecnología online, que también ha permitido la innovación de producto. Entre los nuevos productos, destacan por su importancia las apuestas in-play (es decir, aquellas que se llevan a cabo mientras el evento está en juego). Una proporción sustancial y creciente de las apuestas tienen ahora lugar durante el partido, en vez de antes de él.

Puede argumentarse que estos acontecimientos han amplificado tanto los beneficios potenciales que se derivan de las apuestas para los deportes como los costes en términos de la prevalencia de prácticas fraudulentas de amaños de partidos. El amaño de partidos supone una amenaza comercial para el deporte, puesto que tiene la potencialidad de socavar la confianza entre los consumidores y los patrocinadores.

Las apuestas in-play se consumen forzosamente de manera conjunta con alguna forma de consumo del evento deportivo al que se refieren, ya sea mediante su seguimiento por televisión o vía streaming en la web de la casa de apuestas. Esto hace que el grado de complementariedad en el consumo sea mayor que antes, algo que probablemente beneficie al deporte. La modalidad de apuestas in-play también depende de una rápida transmisión de la información del evento a los apostantes y a los corredores de apuestas. Dado que las organizaciones deportivas controlan los estadios donde se celebran los eventos, están en disposición óptima de suministrar los datos, y las ligas, tanto principales como secundarias, de disfrutar de lucrativos contratos como proveedores de datos. El patrocinio y la publicidad son otras vías de captación de ingresos procedentes de las apuestas para el deporte.

Por otro lado, la evolución de las apuestas ha intensificado los riesgos para la integridad, desvelándose un número sin precedentes de casos de partidos amañados. Estos casos han salpicado con especial frecuencia al críquet, fútbol y tenis, pero otros muchos deportes se han visto también afectados por un «tsunami de amaños de partidos». Analizamos la prevalencia del amaño de partidos en el marco de un modelo de oferta-demanda de «amaños». En él, la oferta la constituyen los jugadores y otras partes implicadas (insiders) del deporte. La demanda está formada por los delincuentes que buscan obtener ganancias en el mercado de apuestas. La mayor prevalencia de amaños está vinculada a un desplazamiento de la demanda. Los delincuentes pueden ahora obtener considerablemente más ganancias de los amaños que en el pasado. Una sobreabundancia de liquidez residenciada fundamentalmente en los mercados no regulados permite colocar enormes apuestas, y por tanto, materializar enormes ganancias. También explicamos la razón de que la explotación de los mercados in-play permita engordar aún más las ganancias. Los procesos judiciales ofrecen evidencia de las cantidades que pueden generarse incluso mediante la manipulación de eventos a niveles relativamente poco masivos. Ello ha provocado la entrada en el mercado de bandas organizadas, y algunas redes han manipulado cientos de partidos. El riesgo afecta especialmente a aquellos deportes de equipo en los que la liquidez del mercado de apuestas es desproporcionadamente alta en comparación con los ingresos de los jugadores. Los deportes individuales basados en circuitos internacionales comportan también alto riesgo, debido a que los mercados de apuestas tienen una elevada liquidez, pero la mayoría de los jugadores ni siquiera cubren sus gastos.

Las estimaciones del grado de prevalencia resultan difíciles debido a que no todos los engaños se descubren. Según datos de las autoridades encargadas de monitorizar el mercado de apuestas, el porcentaje de casos de partidos de fútbol manipulados podría ser de un 1 por ciento. La evidencia basada en la detección de pautas de apuestas indicativas de un arreglo se ha validado en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS, por sus iniciales en francés). En el fútbol, la mayor frecuencia de casos de amaños se concentra en las categorías más altas de las ligas de países de escasa potencia futbolística y en las categorías inferiores de las naciones futbolísticamente más potentes. El patrón observado en España es compatible con esto.

«Es importante abordar las cuestiones de gobernanza. La corrupción en la cúspide de un deporte hace más probable que los jugadores en las capas bajas se dejen seducir por los corruptores».

Las ganancias obtenidas con los amaños por los delincuentes suelen depender de la colocación de grandes apuestas en mercados no supervisados con liquidez elevada. La vía más segura para proteger el deporte sería retirar liquidez de los mercados no supervisados legalizando para ello las apuestas en los países (p. ej., China) en los que se originan la mayoría de las apuestas (incluso las referidas a partidos europeos). Pero esto no solo obligaría a adoptar una disposición legalizando las apuestas, sino que también haría falta que dichas apuestas ofreciesen a los consumidores una relación precio-recompensa suficientemente atractiva. Aquellos gobiernos que vean las apuestas como un vehículo recaudatorio de impuestos podrían tomar decisiones desacertadas, incluso si se introdujese un mercado de apuestas legal y bien regulado.

El propio deporte como tal no tiene muchas perspectivas de poder influir en el lado de la demanda de amaños. Pero sí que tiene la capacidad para moderar la oferta, ya que son los propios jugadores quienes constituyen dicha oferta. Es importante abordar las cuestiones de gobernanza. La corrupción en la cúspide de un deporte hace más probable que los jugadores en las capas bajas se dejen seducir por los corruptores. Fallos en la exigencia de unas credenciales mínimas para acceder a la propiedad de clubs deportivos permite a los delincuentes infiltrarse y maquinar amaños de partidos desde los mismos clubs que controlan. Una mala disciplina financiera conduce a frecuentes impagos de sueldos (incluso en España) y hace a los jugadores más vulnerables a planteamientos fraudulentos de mafias.

Un deporte con una sólida gobernanza adoptará medidas para disuadir los amaños entre sus jugadores. Si los jugadores son agentes que se comportan siguiendo postulados beckerianos, se verán influidos por la probabilidad de ser detectados y las consiguientes sanciones económicas. Los deportes se muestran actualmente activos en la creación de una infraestructura en la que las tasas de detección sean lo bastantes altas como para tener efectos disuasorios. En el caso de los deportes individuales, deberá prestarse atención a modificar las estructuras de premios para recompensar las victorias en partidos individuales, y no solo al vencedor final del torneo.

Concluimos con una advertencia en contra de las voces que, desde la órbita del deporte, abogan por aplicar políticas de tintes prohibicionistas. El deporte puede hacer presión a favor de prohibir las apuestas in-play y puede buscar la manera de desactivarlas absteniéndose de vender datos. No obstante, la experiencia previa en todas las jurisdicciones demuestra que mientras exista demanda de apuestas, habrá oferta para atender dicha demanda, incluso cuando ello sea ilegal. La prohibición de un producto de apuestas en mercados bien supervisados condenándolo a buscar acomodo en una economía sumergida no regulada, en lugar de mitigar, podría agravar el riesgo de integridad, al tiempo que privar el deporte de una fuente de ingresos.

Más información en el artículo “las apuestas: beneficios y riesgos para el deporte”, publicado en el número 159 de Papeles de Economía Española

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