El retorno de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. no solo entraña un nuevo desafío para la economía global. También pone de manifiesto el coste que supone no haber abordado las debilidades estructurales que lastran la economía de la Unión Europea desde mucho antes de la vuelta de Trump al poder.
La nueva administración americana ha tardado poco en desplegar su visión de America First. No se trata tanto de incrementos generalizados de aranceles (algo que de momento no se ha producido, pese a las proclamas electorales), como de la concreción de la lógica transaccional, con amenazas económicas y comerciales con el fin de doblegar la voluntad de otros Estados y así obtener beneficios para la economía de EE.UU. o su posición geopolítica.
¿Qué opciones tiene Europa de establecer una estrategia comunitaria conjunta frente a las posiciones de la nueva administración de EE. UU.? ¿Qué riesgos afronta en caso de fragmentar su respuesta? Los eurodiputados Jonas Fernández e Isabel Benjumea, de los grupos socialista y popular en el europarlamento, respectivamente, y Raymond Torres, moderados por Carlos Carnicero Urabayen, aportan sus visiones en un interesante debate sobre este asunto que puedes ver ahora en video.
La lógica transaccional de la presidencia Trump
La política transaccional no tiene fácil encaje con el sistema multilateral, que consiste en reglas predecibles y en obligaciones recíprocas entre socios comerciales. La ventaja de un sistema basado en reglas negociadas, como el que rige las relaciones económicas desde la Segunda Guerra Mundial, es que aporta una cierta seguridad o previsibilidad a los actores económicos. A la inversa, la lógica transaccional, por su carácter arbitrario y unilateral, tiende a exacerbar la incertidumbre, al menos para la parte más débil.
Europa se encuentra con desventaja en ese pulso. En primer lugar, su economía muestra señales persistentes de debilidad. El PIB de la eurozona se estancó en el cuarto trimestre, dejando un crecimiento de apenas el 0,7% para el conjunto del 2024, frente al 2,8% previsto en el caso de EE. UU. (gráfico). Además, el escaso crecimiento procede sobre todo del sector exterior, lo que incluye las exportaciones hacia EE. UU., expuestas a eventuales restricciones comerciales. Los intercambios transatlánticos de bienes y servicios arrojan un saldo favorable a la UE cercano a 108.000 millones de euros (con datos de excedente acumulado entre el cuarto trimestre de 2023 y el tercero de 2024).
La dependencia de Europa en materia de energía o de tecnología es otro factor de vulnerabilidad en un entorno transaccional. Pese al despliegue de energías renovables, el crecimiento europeo sigue dependiendo sobremanera de las importaciones de hidrocarburos. En cuanto a la tecnología, se esperaba una subida en escala start ups de empresas europeas como Mistral, gracias la Inteligencia Artificial. Sin embargo, el sector pierde terreno frente a la competencia de los grandes operadores americanos, que parecen haber encontrado en China, no en Europa, su principal rival. La administración entrante también presiona para que los socios comunitarios eleven su gasto en defensa comprando armamento americano, dando a entender que el paraguas de la OTAN podría ser menos protector para los Estados que no invierten lo suficiente.
Finalmente, las diferencias de apreciación entre socios comunitarios acerca de cómo abordar tales desafíos erosionan la cohesión al tiempo que merman la capacidad de negociación de la UE. El riesgo es que cada Gobierno intente tener voz propia ante la amenaza proteccionista, fragmentando el mercado único, siendo este el principal activo de la UE, particularmente para economías como la española que gozan de una posición competitiva favorable en el seno de la unión.
Las incertidumbres acerca de la estrategia comunitaria
La UE no ha encontrado todavía una respuesta adecuada ante un escenario global tan incierto. Los diagnósticos aportados por los informes de Mario Draghi y Enrico Letta coinciden en la necesidad de profundizar el mercado único, con el fin de fortalecer la economía europea y elevar la inversión, cuyo declive es preocupante (gráfico). Pero estas recomendaciones no han hecho eco, de momento, en la política comunitaria.
La unión financiera y la unión de los mercados de capitales no han avanzado desde la entrada en funciones de la nueva Comisión. Y sin embargo se trata de proyectos cruciales para movilizar el ahorro dentro de la UE, con efectos positivos sobre la inversión en general, y la eclosión de empresas innovadores en particular. De manera similar, los mercados energéticos y de telecomunicaciones, entre otros, siguen fragmentados, favoreciendo la permanencia de campeones nacionales, en detrimento de entidades europeas con capacidad para innovar y competir internacionalmente. Las cargas regulatorias se han incrementado, como por ejemplo en el sector del automóvil, con el fin de reducir las emisiones de gases contaminantes. Si bien la relevancia del objetivo medioambiental es indiscutible, la superposición de diferentes normativas puede haber tenido efectos colaterales. Es un hecho que el vehículo eléctrico europeo acumula un retraso importante frente a los competidores chinos.
La política de alianzas con otros grandes bloques, sin que se perciba como un riesgo para la relación transatlántica, puede ser de gran utilidad para compensar eventuales tensiones arancelarias. En este sentido, el acuerdo con Mercosur es un paso en la buena dirección. De cara al futuro, seguirá siendo importante mantener un sistema multilateral basado en reglas del juego iguales para todos los países. Cuando se producen distorsiones de competencia, caso de las subvenciones supuestamente aportadas a los exportadores chinos en algunos sectores, Europa dispone de instrumentos de compensación.
El camino pasa por consensuar una acción común en el ámbito comercial como en la política económica en general. El reto no es nuevo, evidenciando la cronificación de todo tipo de inercias y de discordancias propias al modelo europeo, pero el retorno de Trump puede actuar como un revulsivo para emprender su superación.