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La desigualdad de la renta familiar y su impacto en el consumo

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Una de las mayores dificultades de trabajar con magnitudes agregadas para analizar la evolución de la economía deriva de que se pierde la información sobre la heterogeneidad de las situaciones y los comportamientos de los agentes. Por esta razón cada vez se tiende más a complementar el análisis basado en agregados con información más desagregada procedente de encuestas o de registros administrativos. En el caso español, el análisis de cómo ha evolucionado la distribución de la renta en los últimos años es muy útil para conocer mejor el comportamiento del consumo y su previsible evolución futura.

Las distintas fuentes de información sobre la evolución de la distribución de la renta y la riqueza en España confirman que el impacto negativo que tuvo la crisis todavía no se ha superado de manera completa. Tanto el coeficiente de Gini, como los cocientes entre los percentiles más altos y más bajos de la distribución apuntan a que el empeoramiento en términos de la distribución de la renta se ha moderado con la recuperación, pero no se ha revertido en su totalidad.

La situación es más preocupante en términos de distribución de renta que si atendemos a la distribución de la riqueza, porque en este último caso, la posición relativa de España es mejor debido a la incidencia de la vivienda en propiedad. Los efectos también fueron distintos por edades, con un menor impacto entre los pensionistas, gracias a la progresión en la capacidad adquisitiva de las pensiones. El impacto en el consumo se vio atenuado, en parte, por el efecto de las pensiones y transferencias como las prestaciones por desempleo.

Durante la recuperación, la mejora en la renta media anual de los hogares gracias a la creación de empleo ha sostenido el incremento del consumo y ha permitido reducir el porcentaje de hogares con dificultades económicas. Así, por ejemplo, en la actualidad el 34% de las familias declaran no poder permitirse ir de vacaciones una semana al año. Este porcentaje alcanzaba el 46% en 2013. Por otro lado, el 36% de los hogares declaran no tener capacidad para afrontar gastos imprevistos frente al 42,4% en 2014. Estas respuestas indican que hay una parte sustancial de los hogares que no ahorran ni cuentan con activos líquidos.

«En 2017, el gasto medio por hogar se situó en 29.317 euros, un incremento del 3,5% con respecto a 2016 pero aun un 7,5% por debajo de los datos de 2008. […] Todos los hogares consumen menos que en 2008 a excepción de los pensionistas, cuyo gasto ha aumentado un 5,6%. Si bien en términos reales todos los grupos experimentan caídas considerables, el grupo de los pensionistas ha sido el que más ha contenido la caída».

No obstante, la fracción de la población que se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, medida por el indicador AROPE se sitúa todavía en el 26,1%, después de reducirse medio punto. La creación de empleo, que está reduciendo el porcentaje de población con baja intensidad de empleo, es la causa de la reducción de la tasa AROPE, puesto que los otros dos componentes, el riesgo de pobreza y la carencia material severa, no han mostrado mejora respecto a la encuesta anterior.

Por otro lado, la encuesta de presupuestos familiares (EPF) nos aproxima a las decisiones de consumo de las familias. En 2017, el gasto medio por hogar se situó en 29.317 euros, un incremento del 3,5% con respecto a 2016 pero aun un 7,5% por debajo de los datos de 2008. Si se atiende a cómo ha sido la evolución del gasto según la principal fuente de ingresos del hogar (trabajador por cuenta propia, ajena, pensionista…), se observa que todos los hogares consumen menos que en 2008 a excepción de los pensionistas, cuyo gasto ha aumentado un 5,6%. Si bien en términos reales todos los grupos experimentan caídas considerables, el grupo de los pensionistas ha sido el que más ha contenido la caída. El gasto medio por hogar dividido en quintiles muestra que, en términos reales, todos los grupos se encuentran muy por debajo de los niveles de 2007, y el tercer quintil es el que más descenso acumula, un 25%.

Gráfico 1

Fuente: INE.

El análisis anterior puede resultar útil para entender la trayectoria reciente del gasto en consumo final de los hogares. Con la revisión quinquenal de la Contabilidad Nacional que ha publicado el INE en septiembre, la pérdida de fuelle de este componente desde principios de 2018 ha sido más intensa de lo anticipado. Esta desaceleración ha coincidido además con una mejora de la tasa de crecimiento de la renta bruta disponible, gracias a un mayor avance de los salarios. La incertidumbre derivada de la recesión industrial global, del repliegue del comercio ante el enfrentamiento entre China y Estados Unidos y de las implicaciones del uso de distintas tecnologías para los automóviles ha hecho que los hogares moderen su gasto y eleven sustancialmente una tasa de ahorro que había tocado mínimos históricos en el primer trimestre de 2018. Más allá de la influencia del ajuste a la baja del consumo de bienes duraderos (coches, fundamentalmente), este menor dinamismo del consumo puede estar relacionado con la situación de vulnerabilidad en términos de rentas y de activos líquidos, de una parte considerable de los hogares.

«Las consecuencias de la crisis en términos de oportunidades, capacidad de inserción en el mercado de trabajo y de generación de ahorro siguen pesando sobre una parte no desdeñable de los hogares españoles. Y ante unas perspectivas menos favorables para el empleo, los hogares parecen estar optando por la prudencia y el ahorro precaución».

En definitiva, los datos confirman que a pesar de una cierta corrección en la situación económica de los primeros deciles de la distribución gracias a la creación de empleo, siguen manteniendo una situación precaria. Se explica así, por una parte, la elevada propensión al consumo de las rentas salariales generadas en estos segmentos; por otra parte, la ausencia de una recuperación completa de los niveles de renta y de consumo muestra que las consecuencias de la crisis en términos de oportunidades, capacidad de inserción en el mercado de trabajo y de generación de ahorro siguen pesando sobre una parte no desdeñable de los hogares españoles. Y ante unas perspectivas menos favorables para el empleo, los hogares parecen estar optando por la prudencia y el ahorro precaución. Para entender lo que vaya a ocurrir en los próximos trimestres, no solo habrá que prestar atención a la evolución de las variables agregadas como la renta bruta disponible, sino seguir analizando en qué medida se sigue corrigiendo el empeoramiento en la distribución de la renta y en la situación de los hogares más vulnerables.

Esta entrada es un resumen del artículo publicado en Cuadernos de Información Económica 272.
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