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Como era previsible, los datos del paro registrado y afiliados a la Seguridad Social de mayo fueron buenos. Dentro de la pauta estacional que caracteriza la evolución de las magnitudes del mercado laboral a lo largo del año, mayo es el mejor mes para el empleo. La novedad positiva es que fueron un poco mejor de lo previsto, algo que viene repitiéndose en los últimos meses. Los parados descendieron en 98.000 personas, 13.000 más de las que hace un mes adelantábamos en esta página de coyuntura al comentar los datos de abril, y los afiliados aumentaron en 134.000, 34.000 más de lo esperado.

Cuando se desestacionalizan, las cifras cambian notablemente, pero aún nos quedamos con un sustrato positivo. En estos términos, el descenso del paro se queda prácticamente en cero, lo cual se compara favorablemente con el aumento medio mensual de unos 30.000 que se produjo en la segunda mitad del pasado año. Como se ve en el gráfico superior izquierdo, el nivel de parados, corregido de estacionalidad, tiende a estabilizarse en una cifra algo inferior a las 4.900.000 personas. Por ello, el ritmo de variación porcentual recogido por la tasa móvil de los tres últimos meses sobre los tres anteriores, que nos refleja muy bien la tendencia al limar sustancialmente la volatilidad mensual, se viene reduciendo desde mediados del pasado año hasta situarse cercano a cero. Ahora bien, esto  no significa que ya no se destruyan puestos de trabajo. El paro registrado está tocando techo, al margen de la estacionalidad, por tres razones: la primera, que la oferta de trabajo, es decir, la población activa está disminuyendo; la segunda, que probablemente un número creciente de parados ya no utilizan las oficinas públicas para la búsqueda de empleo; y la tercera, la más interesante, que el ritmo de destrucción de empleo se está reduciendo notablemente. Las dos primeras causas afectan de manera muy visible a los parados del sector de la construcción, que desde mediados del pasado año vienen reduciéndose a un ritmo mensual de unas 7.000 personas cuando el sector sigue reduciendo empleo a una tasa de dos dígitos. En este caso se produce, además, otro fenómeno: ante la imposibilidad de ocuparse como trabajadores en este sector, estos parados se apuntan en las oficinas de empelo como trabajadores de sectores de servicios o sin ocupación anterior.

 Gráficos A. Laborda Gráficos A. Laborda

La evolución del empleo se ve mucho mejor y de forma directa en los datos de afiliados a la Seguridad Social en alta laboral. Si tomamos, por ser la más indicativa, la serie depurada de cuidadores no profesionales del sistema de la dependencia y de empleados del hogar, el aumento señalado de 134.000 personas se torna en un descenso de unas 16.000 en términos desestacionalizados, cifra que se compara positivamente con los descensos medios mensuales de unas 55.000 en el último trimestre de 2012 o de  40.000 en el primero de 2013. Como se ve en el gráfico superior derecho, los afiliados medios de abril y mayo, corregidos de estacionalidad, se redujeron un 1,7% en tasa anualizada sobre el trimestre anterior, mucho menos que la reducción del 3,4% que se produjo en ese periodo. Además, esta moderación del ritmo de caída es más significativa porque se observa en todos los sectores productivos.
Obviamente, si la caída del empleo se modera es porque la de la actividad productiva (en última instancia el PIB) también lo hace. Los datos de los indicadores de producción y demanda que vamos conociendo del segundo trimestre apuntan en esta dirección. En los últimos días se han publicado el Índice de Producción Industrial de abril, las estadísticas de la Agencia Tributaria obtenidas de las declaraciones de las grandes empresas, también de abril, y las encuestas de opiniones de los indicadores PMI de la industria y los servicios de mayo. En los gráficos inferiores se muestra la tendencia de algunos de estos indicadores, que coincide con lo comentado para el paro y afiliados. A partir de toda esta información, podemos estimar provisionalmente que la caída del PIB en el segundo trimestre ha podido reducirse a unas dos décimas, frente a cinco décimas en el primero y ocho en el cuarto del pasado año. Son, por tanto, buenas noticias, si bien, no cambian significativamente el escenario que desde el otoño pasado venimos contemplando los analistas de la coyuntura, es decir, que la recesión puede tocar fondo en la segunda mitad del año. Pero sería catastrófico que todo esto llevara a una relajación en las duras tareas de ajustes y reformas que aún quedan por hacer. Así que no nos despistemos, sigamos en el tajo.

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Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

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