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Economía del comportamiento en el deporte

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Comprender la fructífera interacción entre economía conductual y economía del deporte es un ejercicio relevante por dos razones. En primer lugar, con notables excepciones, no existen suficientes investigaciones que detallen esta relación. En segundo lugar, el análisis permite explorar las oportunidades de la economía conductual que han sido insuficientemente tratadas dentro de la economía del deporte.

Durante las últimas décadas las investigaciones experimentales han proporcionado evidencias de la existencia de sesgos cognitivos que cuestionan las asunciones sobre las que se basa la Teoría de la Elección Racional (e.g., Zamir y Teichman, 2014). Estas evidencias han conducido al desarrollo de la economía conductual, disciplina que incorpora en el análisis económico las contribuciones de la Psicología y la Sociología. Estos sesgos cognitivos constituyen errores sistemáticos en el pensamiento en los cuales el juicio del individuo se desvía de lo que sería considerado deseable desde la perspectiva de las normas aceptadas, o de lo correcto en términos de lógica formal (Ariely, 2008). En su artículo, DellaVigna (2009) distingue tres clases de sesgos conductuales: las preferencias no estándar, las creencias no estándar y la toma de decisiones no estándar. En la primera parte del artículo se realiza una breve revisión de los conceptos clave de esta literatura para así poner en contexto las aplicaciones en la economía del deporte. Así, por ejemplo, se explican de forma sucinta conceptos como «teoría prospectiva», «descuento hiperbólico» o «exceso de confianza».

«El deporte proporciona un laboratorio ideal para testar la conducta humana. El sesgo conductual deportivo por excelencia es la ‘ventaja de jugar en casa’».

Durante las últimas décadas las investigaciones experimentales han proporcionado evidencias de la existencia de sesgos cognitivos que cuestionan las asunciones sobre las que se basa la Teoría de la Elección Racional (e.g., Zamir y Teichman, 2014). Estas evidencias han conducido al desarrollo de la economía conductual, disciplina que incorpora en el análisis económico las contribuciones de la Psicología y la Sociología. Estos sesgos cognitivos constituyen errores sistemáticos en el pensamiento en los cuales el juicio del individuo se desvía de lo que sería considerado deseable desde la perspectiva de las normas aceptadas, o de lo correcto en términos de lógica formal (Ariely, 2008). En su artículo, DellaVigna (2009) distingue tres clases de sesgos conductuales: las preferencias no estándar, las creencias no estándar y la toma de decisiones no estándar. En la primera parte del artículo se realiza una breve revisión de los conceptos clave de esta literatura para así poner en contexto las aplicaciones en la economía del deporte. Así, por ejemplo, se explican de forma sucinta conceptos como «teoría prospectiva», «descuento hiperbólico» o «exceso de confianza».

Tal como señala Palacios-Huerta (2014), el deporte proporciona un laboratorio ideal para testar la conducta humana. El análisis del comportamiento de los deportistas y atletas en situaciones competitivas ha copado la mayor parte del interés en la literatura. El sesgo conductual deportivo por excelencia es la «ventaja de jugar en casa». Los estudios han encontrado una amplia y robusta evidencia de que los equipos tienden a ganar más partidos cuando juegan en campo propio (Carron et al., 2005) debido a la presión que los aficionados ejercen sobre deportistas y árbitros (Petterson-Lidbom y Priks, 2010), factores psicológicos como el sentido de territorialidad del equipo local (Pollard, 2006) o la mayor confianza que otorga el jugar en campo propio (Waters y Lovell, 2002). Un segundo sesgo ampliamente analizado en los jugadores –y también en fans– es la falacia de la «mano caliente». Los estudios de Gilovich et al. (1985) y Koehler y Conley (2003) constataron un sesgo de memoria y de una percepción errónea del azar que lleva a creer que un jugador tiene mayores probabilidades de éxito si previamente ha tenido éxito que si ha fallado. El orden en la toma de decisiones en situaciones de fuerte presión psicológica ha dado lugar a resultados mixtos en la literatura (véase Apesteguia y Palacios-Huerta, 2010; Arrondel et al., 2018). Los acuerdos de reciprocidad entre deportistas y equipos han sido encontrados por Duggan y Levitt (2002) así como Haugen y Heen (2018). Al igual que los deportistas, entrenadores, propietarios y ejecutivos no están exentos de cometer sesgos cognitivos. Así, Berri et al. (2015), Schroffel y Magee (2012) detectaron que los entrenadores eran propensos a emplear jugadores del mismo país o de la misma raza una vez controlada la productividad del jugador.

Del análisis de la literatura se desprenden cuatro conclusiones. Primero, la economía del deporte ha respondido de forma notable al reto de analizar los sesgos cognitivos como lo atestigua una producción científica creciente y variada. Destacan como principales conceptos analizados, la presión social y las emociones, así como la falacia de la «mano caliente». En segundo lugar, el análisis del comportamiento de jugadores y equipos, entrenadores, dueños y ejecutivos de clubes, árbitros, organizadores, aficionados y deportistas recreativos permite enriquecer la investigación al incorporar agentes con distintos objetivos, distintas presiones competitivas y distintos sesgos cognitivos. En tercer lugar, un pequeño número de deportes copa una parte sustancial de la literatura. Posibilidades adicionales de estudio están disponibles en deportes minoritarios, en el deporte femenino, en las competiciones inferiores, en el deporte no profesional, y en el deporte no federado. En cuarto lugar, los deportes asiáticos y africanos están infrarrepresentados en la literatura.

Más información en el artículo “Economía del comportamiento en el deporte”, publicado en el número 159 de Papeles de Economía Española.

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