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Análisis económico de la «gig economy», con aplicación específica al sector del taxi en España

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El texto de esta entrada es una traducción, realizada por Funcas, del resumen escrito originalmente por el autor en inglés.

Durante la última década, los mercados entre iguales (o peer-to-peer) han proliferado en muchos ámbitos y sectores económicos, desde el de alojamiento temporal o transporte hasta los servicios profesionales, los servicios financieros o las tareas relacionadas con el hogar, entre otros. Estos mercados permiten resolver el problema de coordinación entre la oferta y la demanda, haciendo posible compartir activos o recursos a través de Internet. Es frecuente referirse a ellos con el término de «gig economy» o «economía colaborativa», y es uno de los últimos fenómenos en surgir al abrigo de los avances tecnológicos. Los mercados entre iguales o peer-to-peer son plataformas económicas que internalizan los costes de transacción y conectan a diferentes grupos de personas interesadas en realizar transacciones económicas. Se apoyan en una amplia gama de modernas innovaciones tecnológicas para configurar mercados online virtuales que permiten a individuos particulares (iguales, o peers) compartir activos de manera relativamente sencilla, eficiente y fiable. Las transacciones «de igual a igual» son relativamente a corto plazo, se realizan al contado y frecuentemente permiten un mejor aprovechamiento de activos infrautilizados. La posibilidad de compartir activos infrautilizados ya existía antes de que apareciesen los mercados modernos de igual a igual, pero los intercambios eran relativamente escasos. Los elevados costes de transacción y los problemas de información asimétrica provocaban que las transacciones fuesen arriesgadas y costosas, lo que hacía que a menudo se limitasen al círculo familiar o de amistades. Mediante la tecnología, los actuales mercados de igual a igual permiten solucionar estos problemas, al reducir los costes de transacción y garantizar transacciones fiables. Ahí radica la clave de su éxito y popularidad.

«Las ventajas potenciales de la «gig economy» para la sociedad son sustanciales. Mejoras de la eficiencia y un aumento de la competencia llevan a precios más bajos, mejoras de la calidad, mayor variedad, impulso a la innovación, incrementos de productividad y, en último término, mayor crecimiento económico y niveles de vida más altos».

Los mercados entre iguales reducen las barreras de entrada, promueven la competencia y crean disrupción en los mercados tradicionales. Su aparición ya ha transformado muchos sectores de manera irreversible. Un ejemplo paradigmático es el de los servicios de taxis. Durante decenios, este sector ha estado sujeto a regulación y ha operado como un monopolio legal en muchos países. En los últimos diez años, plataformas de coche compartido como Lyft o Uber se han apoyado en las nuevas tecnologías para crear aplicaciones eficaces e innovadoras que conectan a conductores y pasajeros, generando aumentos de eficiencia, de la oferta y de la competencia en términos de precios, calidad y variedad. En los lugares donde estas plataformas operan con capacidad efectiva de competir, la competencia se ha intensificado y han conseguido captar un gran número a conductores y pasajeros. En algunos casos, han erosionado completamente la posición monopolística de los operadores incumbentes. Otros mercados, como los del alojamiento temporal, servicios financieros, servicios profesionales, tareas domésticas, guías turísticos o incluso cuidadores de bebés, también se están viendo alcanzados por la onda disruptiva de la «gig economy». Las ventajas potenciales de la «gig economy» para la sociedad son sustanciales. Mejoras de la eficiencia y un aumento de la competencia llevan a precios más bajos, mejoras de la calidad, mayor variedad, impulso a la innovación, incrementos de productividad y, en último término, mayor crecimiento económico y niveles de vida más altos. En resumidas cuentas, mayor prosperidad para todos. Por desgracia, las normativas existentes están dificultando el desarrollo de los mercados peer-to-peer en varios sectores. De nuevo, es interesante fijarse en el sector del taxi, y en concreto, en el caso revelador de España. Los actores establecidos del sector del taxi están mostrando una férrea oposición a la entrada de operadores innovadores y presionando para mantener o reforzar la regulación existente al objeto de evitar la sana competencia y defender el régimen de monopolio del que han disfrutado hasta ahora.

«La regulación tradicional injustificada produce daños para los consumidores y para la sociedad en su conjunto. Dichos daños se manifiestan a través de barreras a la competencia, una menor productividad y, en última instancia, un menor crecimiento económico y menores niveles de vida».

En el momento de redactar inicialmente las normas actuales, los reguladores se escudaron a menudo en justificaciones de bienestar. El propósito que les guiaba, según afirmaban, era corregir fallos de mercado y mejorar el bienestar en comparación con el resultado que se obtendría en un mercado sin regular. Aunque muchas disposiciones regulatorias sectoriales no eran más que un subproducto de la búsqueda de rentas anticompetitivas —las restricciones de cantidad en el sector del taxi son un ejemplo clásico—, el hecho es que los mercados peer-to-peer resuelven o mitigan por vías innovadoras los mismos fallos de mercado que supuestamente motivaron la normativa actual. Su éxito y popularidad se explican precisamente por su capacidad de hacer que los mercados funcionen de manera eficiente, al reducir los costes de búsqueda y resolver los problemas de información. Por esta razón, muchas disposiciones regulatorias orientadas a corregir estos mismos fallos dejan de estar fundamentadas, y deberían abolirse o modificarse. La regulación tradicional injustificada produce daños para los consumidores y para la sociedad en su conjunto. Dichos daños se manifiestan a través de barreras a la competencia, una menor productividad y, en última instancia, un menor crecimiento económico y menores niveles de vida. De nuevo, un caso ilustrativo es la pérdida de bienestar producida por el régimen de monopolio en los servicios de taxi, que carece de justificación por razones de bienestar. Tomando la economía española en su conjunto, los consumidores pagan un sobreprecio de un 13,1% por estos servicios. La pérdida de bienestar del consumidor anual ocasionada por este régimen de monopolio asciende a 324,3 millones de euros al año. A pesar de las ventajas potenciales de la «gig economy», la reforma de la normativa actual está revelándose como una tarea sumamente complicada. Los reguladores están reaccionando como acostumbran a hacer cuando la innovación florece y tiene efectos disruptivos en los mercados. Ven con recelo los perjuicios que los nuevos entrantes plantean a los operadores incumbentes, y concentran sus esfuerzos en preservar el statu quo regulatorio. Lamentablemente, la economía colaborativa es un nuevo ejemplo de cómo los intereses particulares, los grupos de presión y la captura del regulador pueden bloquear el camino de las reformas pro competencia, privando a la sociedad de los superiores niveles de prosperidad que aporta el progreso tecnológico moderno. Pero la sociedad se merece una respuesta mejor. La «gig economy» brinda una oportunidad para mejorar la manera de regular los mercados y aumentar el bienestar general. Confiemos en que en el futuro, los reguladores en España y el resto del mundo decidan por fin impulsar un marco regulatorio pro competencia y eficiente que permita a la «gig economy» desarrollarse y prosperar.

Más información en el artículo ‘Análisis económico de la «gig economy», con aplicación específica al sector del taxi en España’, publicado en Papeles de Economía Española, número 157

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