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Aplacar el IPC sin morir en el intento

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Con los tiempos turbulentos que atraviesa el planeta, la especialización de la economía española en los sectores de servicios ha tenido muchas ventajas, por su reducida exposición al recrudecimiento del proteccionismo, a la disrupción del transporte de mercancías generado por los conflictos geopolíticos, o al encarecimiento de los hidrocarburos tras el ataque a Irán. Y, sin embargo, estos beneficios, que contribuyen a la fortaleza del crecimiento, tienen un reverso visibilizado en la inflación.

El IPC de los servicios se sitúa por encima del 4% en términos interanuales, un ritmo muy superior a la media europea, lo que redunda en una brecha creciente de inflación en relación a los socios que comparten la moneda única. A esta tendencia, que precede el estallido del conflicto en Oriente Medio, se superpone el impacto de dicho conflicto en los mercados de materias primas, y cuyo traslado a la economía española no se ha completado todavía. Si bien el precio de los hidrocarburos ha amainado, las empresas reportan un encarecimiento de los suministros. Por otra parte, el Gobierno se ha comprometido a revertir los recortes de IVA y de otros impuestos especiales que gravan el gas y los carburantes, lo que redundará en un repunte del IPC cercano a ocho décimas.

De momento, sin embargo, no estamos asistiendo a un desbordamiento generalizado del doble brote de inflación —la energética y la que tiene por origen los servicios—. Los precios de los bienes industriales no energéticos suben menos de un 1%, ya que las empresas manufactureras podrían estar comprimiendo sus márgenes para absorber, al menos en parte, la subida de los costes de producción, para así no perder clientes. La misma contención se observa del lado de los salarios pactados en convenios colectivos, con ajustes inferiores al 3% en lo que va de año, lo que redunda en una pérdida de poder adquisitivo. Todo ello aleja el espectro de los efectos de segunda ronda, lo cual no significa que la inflación sea inocua.

La subida de tipos de interés por parte del BCE no altera el escenario, en primer lugar, porque el ajuste estaba descontado, de modo que la decisión ya se había incorporado en las condiciones de financiación de la economía (los mercados anticipan incluso una vuelta de tuerca adicional en los próximos meses). Además, esas condiciones son relativamente acomodaticias en el caso de España: el euríbor es todavía inferior a la inflación, a la inversa de lo que ocurre en la eurozona, donde los tipos de interés se sitúan en terreno positivo en términos reales, lo que tiende a frenar la demanda.


En todo caso, el actual brote inflacionario es menos virulento y más concentrado en algunos componentes que el que se produjo tras la guerra de Ucrania (en ese momento la inflación se extendió a casi todas las parcelas del IPC). Siendo de origen sectorial, su solución debe ser principalmente quirúrgica, evitando una escalada de tipos de interés que afectaría gravemente el ya de por sí anémico crecimiento europeo, y sería por tanto perjudicial para la industria y las exportaciones españolas.  

En lo inmediato, el Gobierno ha prometido normalizar los gravámenes sobre los carburantes a partir del mes que viene. También puede posponer la decisión para evitar un repunte abrupto del IPC y prevenir el descontento que supone repostar más caro a las puertas del verano. Pero en este caso tendrá que asumir las consecuencias presupuestarias, reduciendo el margen de maniobra de la política fiscal imprescindible para acometer medidas selectivas antiinflación.

El desequilibrio inflacionario que arrastra la economía española se arraiga en la baja productividad, el despegue tardío de la inversión empresarial, y la falta de competencia en algunos servicios. También debería suscitar un debate sosegado sobre la pertinencia del IVA reducido que se aplica al boyante sector del turismo. Una práctica que solo puede exacerbar el desequilibrio.

IPC | Los datos de IPC dados a conocer esta semana muestran un ligero alivio en el coste de la cesta de la compra. Los alimentos frescos han subido un 3,3%, dejando atrás los fuertes incrementos registrados hasta el inicio de la primavera. Además, el precio de los fertilizantes y de otras materias primas necesarias a la producción agrícola ha descendido gracias al incremento de la oferta de países poco afectados por el conflicto en el Golfo Pérsico. No obstante, queda por ver si la mejora es puntual o prefigura un cambio de tendencia.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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