El déficit público de 2025 se redujo hasta el 2,18% (2,39% si se incluye el impacto de las medidas por la DANA) (cuadro 1). Es decir, experimentó una reducción de 0,68 puntos respecto a 2024, quedando en 36.800 millones de euros. Hay dos cuestiones especialmente positivas en estas cifras. Primero, el déficit se ha situado ligeramente por debajo del 2,5% comprometido con Bruselas, situación que contrasta con el largo historial de objetivos incumplidos por los gobiernos de los dos principales partidos. Segundo, por primera vez desde la crisis financiera de 2008, se ha conseguido un superávit primario, excluido la DANA, próximo a 3.500 millones de euros (0,21% del PIB). Quiere esto decir que, excluidos los intereses pagados por la deuda pública, los ingresos públicos no financieros (esencialmente impuestos) han sido mayores que los gastos públicos (sanidad, educación, etcétera). Aunque es una cifra modesta, su existencia resulta relevante para la evolución de la deuda pública. La cuestión es si este superávit primario es un episodio puntual, debido a las condiciones macroeconómicas favorables de la economía española, o si por el contrario es el inicio de una tendencia. Para responder a esta pregunta deberemos esperar a lo que suceda en 2026.
La reducción del déficit tiene algunos peros que no son menores. En primer lugar, la buena marcha del déficit ha venido impulsada, otro año más, por las excelentes cifras de recaudación con los ingresos tributarios creciendo a doble dígito (10,4%). El IRPF, pilar de nuestro sistema tributario aumentó un 10,1% impulsado por el crecimiento y mejora en el empleo; pero también, por el efecto acumulado de la progresividad en frío de los últimos años. Lo mismo sucede con IVA e Impuesto de Sociedades, con tasas del 9,9% y 8,1%. Por otra parte, la caída del déficit se explica, esencialmente, por la reducción de 0,97 puntos de PIB en el déficit de la Administración Central (alrededor de un 30% de rebaja). Este buen comportamiento ha permitido compensar el fuerte aumento del déficit del conjunto de las Comunidades Autónomas (gráfico 1), que ha pasado del 0,20% al 0,39% (ha crecido alrededor de un 95%). El comportamiento ha sido muy desigual por comunidades autónomas: ocho terminaron en superávit y nueve en déficit. De las que terminan en superávit todas lo reducen, excepto Navarra, que lo duplica alcanzando un superávit del 2,04%. En el extremo opuesto, Comunidad Valenciana y Murcia se mantienen como las comunidades con mayor nivel de déficit fruto de la infrafinanciación que reciben del actual sistema de financiación. Detrás del optimismo en la buena marcha del déficit se esconden desequilibrios importantes que merecen atención inmediata.

