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La internacionalización de las empresas españolas desde la perspectiva inversora en América Latina

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Puede decirse que España, luego de un amplio y extenso proceso de inversión extranjera directa en América Latina, cuenta con empresas multinacionales de primer nivel que han transformado el panorama de los mercados latinoamericanos, viéndose estos altamente modificados en su estructura, beneficiándose en cuanto a la incorporación de nuevos servicios, productos, tecnologías y técnicas de gestión.

En este escenario, los dos grandes bancos españoles, junto con las más destacadas empresas de electricidad, gas, petróleo, telecomunicaciones, seguros y concesiones, se convirtieron en actores centrales, mejorando y modernizando ampliamente estos sectores, con efectos directos sobre un mayor nivel de competencia y perfeccionamiento de los mercados.

Por todo ello es altamente conveniente continuar reforzando los importantes logros conseguidos, así como potenciar el liderazgo y la imagen ante clientes, consumidores, instituciones y opinión pública en general, para interactuar y crear una rica fertilización con la Marca España.

El proceso de internacionalización llevado a cabo por las empresas españolas contó con un acontecimiento que considero realmente decisivo, como fue el Consenso de Washington, que articuló un nuevo modelo de desarrollo económico para la región, el cual propició la llegada de inversión extranjera directa. Por tanto, la llegada de las empresas españolas a América Latina se produjo en un momento clave, pues la región se encontraba en un proceso de amplias reformas que renovaron ampliamente el ámbito de los negocios, facilitando el acceso de las inversiones extranjeras, en línea con las economías de la OCDE.

Además de estos sucesos, posteriores acontecimientos propiciaron la visión favorable respecto a la IED española. En esta línea, un grupo de países liderados por Brasil, México, Chile, Colombia y Perú renovaron sus impulsos y planteamientos mediante una mayor apertura de los mercados, el fortalecimiento de las instituciones y la seguridad jurídica.

Contrariamente, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela adoptaron posturas menos favorables, estableciendo obstáculos fiscales y legales que llegaron a disuadir o retirar la confianza por parte de los inversores. Pero este proceso se ha revertido ampliamente, comenzando por Argentina con el nuevo Gobierno del presidente, Mauricio Macri (2015). También Ecuador y Bolivia, han variado notablemente sus posturas y ahora son muy proclives a recibir IED. Estos países reconocen su necesidad para sostener su crecimiento y nivel inversor, así como los programas sociales, que están viéndose mermados como consecuencia de la crisis que ha reducido el nivel de sus exportaciones de materias primas (petróleo, gas, metales y productos agrícolas), cuyos precios han bajado de forma notable, afectando de lleno a sus economías. La excepción la constituye Venezuela, donde las inversiones españolas y mundiales prácticamente han desaparecido.

La región ha sido —y continúa siendo— el mercado más natural, más rentable y con mayores perspectivas para los bancos y las empresas españoles, mientras que para América Latina, la IED española sigue siendo muy importante a pesar de sus fluctuaciones y cambios estratégicos, especialmente porque es fiable, competitiva y —como ha demostrado— con un alto nivel de compromiso. De ahí que el futuro de las inversiones españolas se contemple de manera positiva, aún en países que durante los últimos años han presentado alteraciones notorias, como es el caso de Argentina, que se situó como el primer destino inversor a lo largo de la década de 1990 para representar actualmente un 2% del total de la IED española.

En cuanto a las preocupaciones, estas se han desplazado a Brasil, país que cuenta con la mayor cantidad de inversiones españolas, y actualmente con la victoria de Donald Trump, también hacia México, donde se encuentran la mayor cantidad de empresas españolas en América Latina, unas cinco mil. Colombia y Perú encabezan la lista de destinos preferidos españoles en la región. Ambas economías, tras importantes esfuerzos que continúan llevando a cabo, han conseguido fortalecer la seguridad jurídica dentro de sus fronteras, cosa que, juntamente con un logrado equilibrio macroeconómico, ha creado un clima propicio que incentiva la llegada de inversiones y un buen ambiente para los negocios, como así lo atestigua el informe del Banco mundial: Más allá de la eficiencia 2015 (Doing Business 2015).

Una reformulación necesaria

Ahora bien, desde el liderazgo, conocimientos y experiencias que bancos y empresas españolas acumulan en América Latina, en cierta manera podrían estar desaprovechando su oportunidad como mayor inversor europeo y segundo mundial, solo por detrás de EE.UU. Como muestra, tienen ante sí la apertura que comienza a deslumbrarse en Cuba, una vez qué se abrió un nuevo capítulo de relaciones con los EE.UU. (aunque ahora permanece a la espera de las decisiones de Trump). Por lo cual España debe liderar no solo las inversiones, sino también recuperar las fuertes relaciones económicas y comerciales que históricamente se han tenido con la isla.

«Las empresas españolas, al “internacionalizarse” en América Latina, adquirieron el tamaño, las economías de escala y las fortalezas que, junto con las experiencias y las habilidades en la administración de IED —y por tanto en negocios internacionales—, les permitieron emprender una nueva fase de internacionalización».

Desde una perspectiva más amplia y más intensa y a pesar de la crisis o, más bien, precisamente por la misma crisis, España debe emprender una “reformulación” ambiciosa de las relaciones económicas y comerciales Iberoamericanas, dotándolas de una nueva dimensión. El cambio económico que está definiendo la nueva geografía económica mundial exige a las firmas españolas participar activamente; y es que, exceptuando el poder militar, las empresas son determinantes en cuanto a la influencia, peso y poder de los países en la escena internacional.

En cuanto a la reformulación hacia América Latina, ésta debe aprovechar la combinación de oportunidades que ofrece el gran “mercado natural latinoamericano” para las empresas españolas, que se constituye como un importante recurso “geoeconómico” de España en la Unión Europea y en el mundo. Además, la intensa y afectiva relación con América Latina es perfectamente compatible con la afinidad con Estados Unidos, en la medida en que las posiciones de las empresas españolas resultan complementarias y no contrapuestas.

Todos estos aspectos requieren tener una estrategia precisa hacia la región en su conjunto, pero al mismo tiempo, hacia cada país según sus necesidades, peculiaridades e intereses, algo que China ha sabido articular por medio de su estrategia inversora en infraestructuras, que le ha facilitado y allanado su presencia, peso e influencia, lo cual por cierto no es perjudicial para las empresas españolas, pues proporcionan mayores elementos de competitividad, aunque han provocado que la Unión Europea retroceda en cuanto a poder e influencia.

Potenciar, robustecer y vigorizar el espacio económico y comercial iberoamericano en el contexto global es conducir con las luces largas y nuestro país, como sus empresas, deben emplearlas hoy más que nunca. Nunca se recalcará demasiado que las empresas españolas, al “internacionalizarse” en América Latina, adquirieron el tamaño, las economías de escala y las fortalezas que, junto con las experiencias y las habilidades en la administración de IED —y por tanto en negocios internacionales—, les permitieron emprender una nueva fase de internacionalización en otras regiones y países más desarrollados que las convirtieron en verdaderas multinacionales globales.

Esta entrada es un resumen del artículo La internacionalización de las empresas españolas desde la perspectiva inversora en América Latina , publicado en el número 150 de Papeles de Economía Española. Puede acceder aquí al sumario de la revista.

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