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Ingresos en los hogares en que viven menores: recuperación parcial

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La evolución de la pobreza infantil ha preocupado a los medios de comunicación y los científicos sociales tanto durante la recesión como durante la reciente recuperación. Para comprender mejor los riesgos en carencias materiales que pueden sufrir los niños es imprescindible conocer las características económicas de los hogares en los que viven. En este sentido, la Encuesta de Población Activa (EPA) ofrece una notable oportunidad de análisis, puesto que dispone de información sobre la ocupación y la percepción de pensiones (contributivas y no contributivas) y otras prestaciones de desempleo[1] de todos los miembros del hogar.

En el primer trimestre de 2017, algo menos de 3 de cada 10 personas del conjunto de la población española vivían en hogares en los que no había ningún adulto ocupado, pero solo 3 de cada 100 vivían en hogares sin ningún ingreso (gráfico 1). Centrando la atención en los niños menores de 10 años, se observa que, en los hogares en los que ellos viven, la desocupación es menor que en el resto de hogares. Así, mientras que el 9,8% de los menores de 10 años viven en hogares sin ocupados, esta cifra asciende al 11,1% en el caso de los adultos entre 25 y 49 años (gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia a partir de EPAI 2007-2017.

De los datos sobre la composición de los ingresos de los hogares se desprende que la ocupación es la fuente de renta más frecuente en los hogares en los que viven niños. El 89,4% de los menores de 10 años viven en hogares en los que hay ocupados (gráfico 2). Aunque el 76% del total de menores viven en hogares en los que la ocupación es la única fuente de ingresos, también hay hogares en los que la ocupación se combina con la presencia de pensiones u otras prestaciones en el hogar (13,4% del total de menores de 10 años). Entre los niños que residen en hogares sin ocupados, la situación más frecuente es la de convivir con receptores de prestaciones (4,1%), aunque también un 3,5% viven en hogares que no disponen de ninguna de las tres fuentes de ingresos consideradas (empleo, pensiones u otras prestaciones). Solo un 2% de los menores de 10 años viven en hogares en los que se recibe alguna pensión y no hay ningún miembro del hogar que reciba otra prestación o esté ocupado. A la luz de estos datos, el papel de las pensiones como sustento directo y único de renta en los hogares es marginal entre los niños.

Gráfico 2

Fuente: Elaboración propia a partir de EPAI 2017.

Durante la recesión, no solo aumentó el porcentaje de niños en hogares sin ninguno de estos ingresos, sino que además se modificó la composición de las fuentes de renta en aquellos hogares que mantuvieron alguna. En primer lugar, cabe destacar que, si bien en 2007 el 95% de los menores de 10 años vivían en hogares con alguno de sus miembros ocupado, desde 2009 ese porcentaje baja hasta situarse en el 86% en 2013 (gráfico 3). A partir de 2014 se percibe una cierta recuperación, de modo que en 2017 alcanza ya el 90%. A pesar de que el aumento desde 2013 ha sido considerable, la cifra aún se sitúa cinco puntos por debajo de la correspondiente a 2007.

Gráfico 3

Fuente: Elaboración propia a partir de EPAI 2007-2017.

Por otra parte, en 2008 el porcentaje de menores de 10 años que vivían en hogares en los que únicamente se percibían prestaciones era insignificante. Entre 2008 y 2013 se incrementó del 2 al 7%, es decir, se multiplicó por más de tres en cinco años (gráfico 3). Gracias a la reducción experimentada desde 2014, el porcentaje se sitúa en el 4% en 2017, lo que supone una reducción del 43% respecto a 2013, aunque duplica aún la cifra previa a la recesión.

«El debate sobre la pobreza en la infancia no debería centrarse tanto en la ausencia de rentas cuanto en su suficiencia para cubrir las necesidades de atención y cuidado de los menores».

Es llamativo que la evolución del porcentaje de menores de 10 años en hogares sin ingresos difiere de la de los menores en hogares cuyas rentas proceden de la ocupación o las prestaciones. Mientras que en estos dos indicadores el cambio de tendencia se percibe entre 2013 y 2014, el porcentaje de niños en hogares sin ingresos creció entre 2008 y 2015, pasando del 2 al 5% (gráfico 3). No es hasta 2016 que este grupo presenta los primeros indicios de recuperación, y aún entre 2016 y 2017 solo consigue disminuir en un punto porcentual.

Por último, cabe considerar que la evolución del grupo de menores que viven en hogares con pensiones es muy reducida. Si bien el grupo de niños que comparten vivienda con personas que reciben una pensión (sin ocupados ni receptores de otras prestaciones) aumenta entre 2010 y 2015, en ningún momento supera el 2% de los menores de 10 años (gráfico 3).

Los datos de la EPA sobre los ingresos de los hogares amplían la perspectiva del fenómeno de la pobreza infantil, aun cuando para completarla sería necesario contar con información precisa sobre la cuantía de los ingresos percibidos. En todo caso, a la luz de la información disponible en la EPA sobre la presencia en los hogares de rentas procedentes de la ocupación, las pensiones u otras prestaciones, se puede afirmar que la proporción de niños que viven en hogares sin rentas es afortunadamente muy pequeña. El debate sobre la pobreza en la infancia no debería centrarse tanto en la ausencia de rentas cuanto en su suficiencia para cubrir las necesidades de atención y cuidado de los menores. El importe de los salarios y las prestaciones accesibles a las familias con hijos pequeños constituyen variables clave para asegurar la cobertura de tales  necesidades.

[1] Prestaciones y subsidios por desempleo.

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