La información relativa al segundo trimestre del año aún es incompleta, pero ya disponemos de suficientes indicadores como para hacernos una idea de cómo se ha comportado la economía española en dicho periodo, marcado por el conflicto en Oriente Próximo.
Recordemos que en los primeros análisis realizados al inicio de la guerra se estimaba que, en un escenario en que el conflicto se resolviera a lo largo del mes de junio, el impacto sería limitado, detrayendo apenas dos décimas a la tasa de crecimiento anual del PIB. Se esperaba que la vía principal de transmisión fuese el consumo, que se resentiría del aumento de la inflación, mientras que el turismo podría resultar incluso beneficiado por el desvío hacia España de turistas que de otro modo habrían viajado a otros destinos del Mediterráneo o de Asia.
Pues bien, los datos, de momento, son consistentes con dicho análisis. Los indicadores disponibles apuntan, efectivamente, a un estancamiento del consumo, pero que habría sido contrarrestado por un aumento de las exportaciones y del turismo, mientras que, desde el punto de vista de la oferta, tanto la industria como los servicios empresariales –no así los destinados al consumo– habrían intensificado su crecimiento. A lo anterior se sumaría la reactivación de la actividad en la construcción, que se había estancado en el primer trimestre del año, posiblemente debido a las malas condiciones meteorológicas. En suma, los datos tomados en su conjunto apuntarían a un mantenimiento o incluso una ligera aceleración en la tasa de crecimiento del PIB en el segundo trimestre, tras el 0,6% registrado en el primero, lo que supondría un resultado mejor de lo anticipado al inicio de la guerra.
Para los trimestres siguientes cabe esperar una desaceleración. El consumo privado seguirá afectado por el aumento de la inflación, aunque de forma limitada. El repunte de la actividad industrial y de las exportaciones observado en el segundo trimestre parece haber obedecido al adelanto de pedidos y a la acumulación de inventarios en anticipación a posibles interrupciones en las cadenas de suministro, por lo que se trataría de más actividad en dicho periodo a costa de menos en los meses posteriores. A esto se sumaría el impacto, aunque probablemente moderado, del encarecimiento de los costes de producción, que no se revertirá completamente aunque el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán se consolide.
Pese a esta previsible desaceleración, el PIB seguirá creciendo a buen ritmo, de modo que las previsiones para el conjunto del año manejadas hasta ahora –el Panel de previsiones de Funcas de mayo apuntaba a un 2,2%– probablemente deberán ser revisadas ligeramente al alza, debido a ese desempeño mejor de lo esperado del segundo trimestre. Esto no implica que el impacto del conflicto haya sido nulo, sino que se ha manifestado fundamentalmente en la tasa de inflación, y solo de forma leve en la actividad productiva, mitigado por los recortes fiscales a los combustibles y por el impulso de una economía más vigorosa de lo que pensábamos.

