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Capital productivo

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El esfuerzo de equipamiento de las empresas se ha convertido en un poderoso factor de crecimiento de la economía española. Durante el pasado trienio, la inversión productiva —que incluye bienes de equipo, material de transporte y activos intangibles, como las nuevas tecnologías y productos de la propiedad intelectual— se incrementó un 20%, lo que también explica cerca de la quinta parte del crecimiento total de la economía registrado durante el periodo. Los datos excluyen la inversión en construcción, cuyo impacto sobre el capital productivo del país es debatible.

La inversión productiva también se muestra más dinámica que en otros países de nuestro entorno. En los últimos tres años, la inversión ha crecido 10 puntos por encima de la media de la zona euro, y más del doble que en Alemania.

Gráfico 1

Sin embargo, conviene recordar que el dinamismo inversor se produce tras el desplome generado por la crisis. Si bien es cierto que hoy se invierte más que en 2007, todavía queda camino por recorrer para compensar el déficit de equipamiento y el deterioro de los activos productivos provocados por la recesión.

Las perspectivas son favorables, según todas las encuestas de coyuntura y las expectativas empresariales para los próximos meses. Por otra parte, la OCDE acaba de revisar al alza sus previsiones para la economía mundial. El crecimiento global rozaría el 4% durante los dos próximos años, y los mercados de exportación crecerían a tasas todavía superiores. Esto es positivo para las exportaciones españolas y, por ende, la inversión productiva, teniendo en cuenta la estrecha relación que existe entre ambas variables.

Los excedentes empresariales han alcanzado el máximo de la serie histórica y dejan un importante margen para invertir, en vez de pagar dividendos. En 2017, las empresas disponían de más de 33.000 millones de euros en liquidez disponible para futuras inversiones. A eso se añade que, en el actual entorno de bajos tipos de interés, las condiciones son excepcionalmente favorables para aquellas empresas que recurren al crédito bancario o a los mercados.

Gráfico 2

«El esfuerzo en inversión productiva alcanzaría el 10,6% del PIB, es decir el máximo de la serie histórica, lo que ayudaría a suavizar el impacto de la desaceleración que se avecina en el consumo de los hogares».

Con todo, Funcas prevé un incremento adicional de la inversión productiva de cerca del 10%, en total, durante los dos próximos años. A finales de 2019, el esfuerzo en inversión productiva alcanzaría el 10,6% del PIB, es decir el máximo de la serie histórica.

Este importante incremento de la inversión ayudaría a suavizar el impacto de la desaceleración que se avecina en el consumo de los hogares. Así pues, para 2018 la economía mantendrá un crecimiento elevado del 2,8% y se prevé un 2,4% para 2019, lo que permitirá la creación de cerca de 850.000 puestos de trabajo en total durante los dos años. Además, la expansión no provocará un desequilibrio de las cuentas externas, principal factor desencadenante de anteriores recesiones, ni una presión significativa sobre la inflación subyacente.

El panorama alentador para la inversión no está exento de riesgos. El principal viene del exterior. El alza de aranceles para el acero y el aluminio anunciado por el ejecutivo de los EE.UU. podrían desencadenar una guerra comercial. De materializarse, el impacto sobre la economía española sería importante, teniendo en cuenta el papel crucial del sector exportador en la recuperación.

También queda por ver la reacción de la Reserva Federal al recalentamiento de la economía americana inducido por las restricciones comerciales y el recorte anunciado de impuestos para las sociedades y las rentas más altas, de una magnitud sin precedentes. Algunos analistas pronostican un rebrote de inflación y un aumento de tipos de interés más importante de lo anticipado, que se contagiaría a los países europeos.

Finalmente, el débil avance de la productividad representa uno de los principales retos para el crecimiento futuro, la creación de empleo de calidad y la sostenibilidad del estado de bienestar. No será fácil modificar esa tendencia, pero un esfuerzo inversor prolongado, tanto en capital productivo como humano, es una de las claves para conseguirlo.

Fuentes de los gráficos: INE y Funcas (previsiones).

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