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Back to the seventies: la ocupación de la población a punto de jubilarse

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En la discusión sobre los retos demográficos que afrontan nuestros sistemas de bienestar, en particular, las pensiones públicas y la sanidad, a veces nos dejamos llevar por un entendimiento demasiado simple y poco dinámico de las llamadas tasas de dependencia. En los indicadores que publicamos como parte de Focus on Spanish Society tomamos hace un par de años la decisión de medir las tasas de dependencia de la población mayor comenzando en los 67 años, y no en los 65, como ha solido ser habitual. De este modo teníamos en cuenta que la edad de jubilación a la que se puede obtener el máximo de pensión según los años cotizados va a acabar siendo la de 67 años, y no la de 65.

Sin embargo, aun siendo más realista, una tasa de dependencia de la población de 67 años o más sobre, por ejemplo, la de 16 a 66 años, tampoco tiene en cuenta, entre otras cosas, las características cambiantes de la actividad y la ocupación de la población en los años previos a la jubilación, que puede formar parte tanto del numerador de los dependientes como del denominador de los activos u ocupados. La proporción de dependientes sobre activos u ocupados en esos años del ciclo vital puede estar cambiando.

De hecho, eso es así en muchos países, y también en España, seguramente por una triple causa. Primera, la mejora de la salud permite prolongar la vida laboral. Segunda, las ocupaciones son menos penosas que en el pasado. Y, tercera, las transformaciones en el sistema de pensiones públicas, como las dirigidas a retrasar la llamada “edad de jubilación”, o el mayor número de años cotizados necesarios para conseguir la mejor pensión, pueden empujar en esa dirección.

Como se observa en el gráfico 1a, la tasa de ocupación de los varones de 60 a 64 años no ha dejado de crecer desde 2013, en consonancia con la recuperación económica y con los cambios en los requisitos para acceder a las pensiones de jubilación. En 2025, con datos de la Encuesta de Población Activa, ronda el 58%, seguramente la cifra más alta desde comienzos de los ochenta, aunque todavía por debajo del 72% de 1970, estimado con cifras del Censo de población. La que sí es claramente la cifra más alta de la serie es la tasa de ocupación femenina en el tramo de 60 a 64 años, con una cifra, 48%, bastante cercana a la masculina, y cuadruplicando la de 1970 (12%).


El mismo fenómeno se observa en el tramo de edad de 65 a 69 años, en lógica correspondencia con los cambios en el sistema de pensiones, como se observa en el gráfico 1b. En 2025, la tasa de ocupación de los varones de esas edades ronda el 14%, habiendo crecido notablemente desde 2015 (5%), y representando la cifra más alta desde finales de los años setenta. Todavía, de todos modos, está bastante por debajo de la observada en 1970, con un 33%, y, por el ritmo de crecimiento, parece improbable que vaya a alcanzarse ese nivel en bastante tiempo. De nuevo, la ocupación de las mujeres a esas edades, con un 11%, es la más alta de la serie, casi duplicando el 6% de 1970.

Desde luego, estos datos no pueden hacernos más optimistas con respecto a la estabilidad financiera de nuestro sistema de pensiones públicas, cuyo problema principal es una tasa de retorno de las cotizaciones muy elevada. Sin embargo, sí contribuyen a que veamos con más perspectiva la cuestión de las “cargas” que suponen los así llamados “dependientes”. No son como eran hace décadas y muchos de los que antes identificaríamos como dependientes ahora son, justamente, todo lo contrario.

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