La tasa de inflación de la eurozona aumentó en mayo hasta el 3,2%, lo que supone un ascenso de 1,3 puntos porcentuales con respecto a la tasa registrada en febrero, antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo. Si el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz empieza a normalizarse en las próximas semanas, los precios de los productos energéticos no seguirán escalando, pero se mantendrán en niveles elevados, al igual que los de otras materias primas, tensionando los costes de producción. Se espera, por tanto, que las tasas de inflación de los alimentos y de otros componentes sigan ascendiendo durante un tiempo.
En lo inmediato, el índice de precios industriales –un importante indicador de presiones inflacionistas por el lado de la oferta– ha experimentado recientemente fuertes repuntes en la mayoría de los países del área. También la encuesta PMI de manufacturas de mayo reporta notables subidas en los precios de los insumos y crecientes problemas en las cadenas de suministro, así como la intención de las empresas de trasladar los mayores costes hacia los precios de venta a sus clientes.
Con este panorama, es prácticamente seguro que el Banco Central Europeo elevará los tipos de interés en su reunión de esta semana hasta el 2,25%, y los mercados descuentan, al menos, otra subida de tipos en julio. No está claro si habrá una subida adicional, ya que la probabilidad con la que los mercados la descuentan sube o baja en función de los altibajos en las negociaciones entre EE. UU. e Irán. El endurecimiento de la política monetaria en un contexto como el actual, en el que la inflación procede de un shock de oferta, tiene por objeto trasladar un mensaje de compromiso firme con el objetivo de inflación, y evitar que las expectativas con respecto a la misma se “desanclen” y se pongan en marcha efectos de segunda ronda. Por eso una de las variables que la autoridad monetaria vigila más estrechamente son los salarios.
Las subidas de tipos que se dan por seguras, hasta el 2,5%, ya están plenamente incorporadas en el euríbor a un año –índice de referencia para las hipotecas–, que desde hace varias semanas se mantiene estable, con pequeños altibajos, en torno al 2,8% (gráfico), el nivel más elevado en año y medio. Si el conflicto no se prolonga más allá de junio, este índice habría tocado techo en dicho nivel, pudiendo incluso iniciar una tendencia descendente después del verano, si la inflación no da sorpresas negativas, puesto que ya se empezarían a descontar bajadas de tipos en algún momento a lo largo de 2027. Si el conflicto se prolonga, el impacto inflacionista sería más severo, pero, en general, se asume que las subidas de tipos no llegarían muy lejos, ya que el propio shock de oferta tendría un efecto fuertemente contractivo sobre la economía. En ese caso el euríbor a un año seguiría ascendiendo hasta quizás el 3%, aunque en tal escenario el panorama sería enormemente incierto y todo se volvería más impredecible.
Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

