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Los costes energéticos y la competitividad de la industria española

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A lo largo de la última década se ha puesto de manifiesto que el sector energético se encuentra ante un punto de inflexión y que es necesario un modelo nuevo capaz de dar respuesta a los importantes retos a los que se debe enfrentar en los años venideros. La insostenibilidad del modelo energético tradicional, especialmente en lo que concierne a sus efectos medioambientales, ha provocado inevitablemente un profundo proceso de transformación. En el contexto español, los bajos niveles de eficiencia energética de las empresas españolas, la existencia de un mercado eléctrico muy regulado, la tradicional dependencia energética y la evolución negativa de los tipos de cambio han sido los principales responsables de la presión al alza de los costes energéticos durante los últimos años.

Esta situación aconseja recuperar las políticas que fomentaron el desarrollo de energías renovables y la inversión en tecnologías más eficientes de consumo energético. La mejora de los niveles de competitividad de nuestros precios energéticos pasa, también, por construir un único mercado europeo a través de la interconexión de los mercados regionales.

Además, los costes de transición hacia un nuevo modelo energético pueden ser especialmente elevados en economías como la española, que se caracterizan por un funcionamiento poco eficiente del mercado eléctrico, un avance moderado de las empresas en lo que a mejoras en eficiencia energética se refiere y una gran dependencia energética externa. Esta situación afecta, sin duda, a la competitividad de las empresas españolas, pero también abre un nuevo escenario para la mejora en términos de precio, calidad del suministro energético y productividad energética.

«Durante los últimos años, en las empresas españolas los costes energéticos ascienden a aproximadamente el 2% del total de ingresos de explotación. Esta información podría llevarnos a considerar que la evolución de estos costes afecta poco a la competitividad de las empresas. Sin embargo, la realidad es muy distinta».

Un nuevo escenario

Es bien sabido que España sufre una desventaja en términos de costes energéticos con respecto a sus competidores más directos. Sin embargo, los cambios normativos y de funcionamiento del mercado que se están produciendo en el seno de la Unión Europea —como la diversificación en el suministro gracias a las nuevas fuentes energéticas, el desarrollo de tecnologías más sostenibles y el desarrollo de nuevos mecanismos de determinación de precios energéticos más eficientes— abren un nuevo escenario que nos permite ser optimistas. Ante este nuevo escenario, el presente texto destaca la oportunidad que tienen las empresas españolas para gestionar mejor la adquisición y el suministro de energía, y en consecuencia aumentar sus niveles de eficiencia energética. A medio plazo la energía no debe considerarse, como tradicionalmente se ha hecho, un lastre o una barrera para la competitividad de las empresas españolas, sino una oportunidad de mejora.

Durante los últimos años, en las empresas españolas los costes energéticos ascienden a aproximadamente el 2% del total de ingresos de explotación. Esta información podría llevarnos a considerar que la evolución de estos costes afecta poco a la competitividad de las empresas. Sin embargo, la realidad es muy distinta por tres cuestiones. La primera, que la energía es un factor estratégico para todas las actividades relacionadas con la producción y la distribución de bienes y servicios. La segunda, que el peso de la energía varía mucho en las distintas ramas industriales en función de las características del proceso de producción y la tecnología. Entre las manufacturas españolas encontramos tres sectores donde el consumo energético por unidad de producto alcanza niveles elevados: la industria metalúrgica, con un coste energético unitario (CEU) sobre los costes totales (excluidas las materias primas) del 18,85%; la fabricación de material y equipo eléctrico, con un CEU del 10,53%, y por último la industria química, en la que alcanza el 10,38%. Y la tercera cuestión, que la afección del precio final de la energía sobre la producción industrial depende tanto de la evolución de los costes energéticos como de la intensidad de su uso. A este respecto, es necesario seguir avanzando para impulsar y fomentar medidas de eficiencia energética.

En estos momentos las empresas españolas se encuentran ante un nuevo escenario energético que deben explorar. El nuevo panorama regulatorio en los mercados de gas y electricidad, la nueva política energética europea y los avances en el acceso a los mercados europeos ofrecen a las empresas españolas un amplio abanico de posibilidades para gestionar mejor la factura energética y, en consecuencia, moderar los tradicionales diferenciales de costes energéticos de nuestro país.

Los mecanismos de indexación de precios, la agregación de la demanda o la participación en subastas, entre otros, dibujan un escenario nuevo que facilita la gestión más eficiente de la factura energética, especialmente entre las empresas que operan en sectores intensivos en el uso del factor energético. También hay que adaptar las tecnologías y la gestión de las plantas productivas a un nuevo modelo industrial más eficiente energéticamente y más respetuoso con el medio ambiente. Además, a medio plazo se debe mejorar la interconexión con Europa para que las empresas españolas disfruten de un suministro energético más eficiente, estable y competitivo.

Esta entrada es un resumen del artículo Los costes energéticos y la competitividad de la industria española, publicado en el número 150 de Papeles de Economía Española. Puede acceder aquí al sumario de la revista.

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